De la sección “Renovando el espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.
Escucha aquí el programa completo:
Tomado de: Coalición por el Evangelio
William F. Cook (PhD, Seminario Bautista Teológico de Nueva Orleans)
La interpretación de Génesis 6:1-4 es difícil y controversial. El debate se centra en la interpretación de la frase “hijos de Dios”. ¿Quiénes son? La pregunta crucial es si la frase se refiere a seres humanos o a seres espirituales (demonios).
El pasaje completo dice: “Aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la superficie de la tierra, y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban. Entonces el Señor dijo: ‘Mi Espíritu no luchará para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días 120 años’. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre”.
Opción 1: Hijos de Dios = Hijos de Set: Un punto de vista entiende a los “hijos de Dios” como descendientes de Set. En esta interpretación los descendientes piadosos de Set fueron embriagados por la belleza de las mujeres descendientes de Caín, casándose así con aquellos que habían rechazado a Dios, cometiendo una maldad mayor. La evidencia más fuerte para esta posición se encuentra en Génesis 4-5, que describe dos líneas de descendencia de Adán: una a través de Caín y la otra a través de Set. En el Antiguo Testamento, el pueblo del pacto de Dios a veces es referido como los hijos de Dios (Dt. 14:1; Jer. 3:19), aunque la frase precisa “hijos de Dios” nunca se usa en referencia a Caín y Set. Si el punto de vista Setita es correcto, esto podría explicar por qué Dios más tarde prohibió a los israelitas casarse con mujeres cananeas (Ex. 34:16; Dt. 7:3). La frase ‘hijos de Dios’ se usa claramente en otras partes para las huestes angélicas en la corte celestial de Dios.
Opción 2: Hijos de Dios = Ángeles caídos: La interpretación más antigua, y probablemente la más asumida, es que los “hijos de Dios” son ángeles caídos (demonios). Esta fue la interpretación más favorecida en el judaísmo antiguo y en la iglesia primitiva (ver 1 P. 3:19-20; 2 P. 2:4; Jud. 6). La frase “hijos de Dios” se usa claramente en otras partes para las huestes angélicas en la corte celestial de Dios (cf. Job 1:6; 2:1; 38:7). Además, el narrador parece contrastar “hombre” e “hijas del hombre” con los “hijos de Dios” en Génesis 6:1-2. Esta posición no está exenta de dificultades, sin embargo, la más sustancial de ellas es la idea de que los ángeles caídos sostengan relaciones físicas con las mujeres. Las Escrituras dan ejemplos de ángeles que se ocupan en actividades humanas tales como comer (Gn. 18:1 -2, 8; 19:1, 5), ¡pero ciertamente las relaciones sexuales son un paso más allá! Jesús hace un punto similar en Mateo 22:30: “Porque en la resurrección, ni se casan ni son dados en matrimonio, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo”.
¿Cuál es la correcta? A pesar de las obvias dificultades de la segunda interpretación, creo que la evidencia apunta ligeramente a su favor, principalmente porque tanto Pedro como Judas parecen haberla mantenido.
En 1 Pedro 3:18-22, Pedro se refiere a los espíritus encarcelados porque desobedecieron en los días de Noé (1 P. 3:19-20). Aunque disputada, la palabra “espíritus” probablemente se refiere a espíritus malignos (ver Mt. 8:16; 12:45; Lc. 4:36; 10:20; Hch. 19:12-16). La conexión de estos espíritus con los días de Noé apunta fuertemente a Génesis 6. La idea de que estos “espíritus encarcelados” son ángeles caídos es confirmada por pasajes similares en 2 Pedro y Judas.
En 2 Pedro 2:4-10, por ejemplo, el apóstol cita tres ejemplos del Antiguo Testamento del juicio de Dios como una advertencia para los falsos maestros. Primero están los ángeles caídos que están encadenados y esperan juicio final (2 P. 2:4). Los ejemplos segundo y tercero son el diluvio en los días de Noé (2 P. 2:5; cf. Gn. 6-8) y la destrucción de Sodoma y Gomorra (2 P. 2:6; Gn. 19). Dado que los ejemplos segundo y tercero no solo vienen del Génesis sino que también se enumeran en orden cronológico, tiene sentido ver el primer ejemplo como también proveniente del Génesis. (Después de todo, Génesis 6:1-4 viene justo antes de la narración del diluvio). Puesto que los ángeles son seres espirituales, la referencia de Pedro a ser “encadenados” no se refiere a cadenas físicas, sino más bien a una limitación de su actividad, presumiblemente para evitar que vuelvan a caer en tal maldad. Judas, como Pedro, proporciona tres ejemplos del Antiguo Testamento del juicio de Dios (Jud. 5-7). A diferencia de Pedro, él no menciona la inundación ni los coloca en orden cronológico. Aún así, Judas 6 es paralelo a 2 Pedro 2:4 y parece ser una alusión a Génesis 6:1-4. Estos ángeles demostraron orgullo pecaminoso al dejar su señorío original y abandonar su morada legítima. Ahora están siendo “mantenidos en prisiones eternas” hasta el juicio del gran día. La comparación con los hombres de Sodoma y Gomorra en Judas 7 («así también como Sodoma y Gomorra… se corrompieron y siguieron carne extraña”) implica que este fue también el pecado de los ángeles en Judas 6.
¿Cómo es esto posible? Es cierto que estos pasajes no proporcionan una respuesta definitiva en cuanto a cómo los seres espirituales podrían tener relaciones sexuales con mujeres. Pero a la luz de los ejemplos que vemos en el Nuevo Testamento, parece mejor suponer que estos espíritus malignos tomaron posesión de los cuerpos de hombres malvados y los usaron para sus propios propósitos pecaminosos.
El Nuevo Testamento nos da ejemplos claros de demonios, e incluso Satanás mismo, que habitan seres humanos y hacen que actúen de maneras horribles. Por ejemplo, el endemoniado Gadareno se comporta de manera incontrolable con fuerza sobrehumana (Mr. 5:1-20). Separar las acciones del hombre de las acciones del demonio es, en tales casos, casi imposible. Judas también se comportó de una manera que lo hizo culpable por su pecado, aunque Juan deja claro que Satanás había entrado en él (Jn. 13:27).
Por supuesto, puedo estar equivocado, y la interpretación setita puede ser la correcta después de todo. Ciertamente concedo que la perspectiva antigua parece extraña a nuestros oídos modernos. Pero como Pedro y Judas parecen haberlo sostenido, me parece la mejor interpretación de Génesis 6:1-4. Sin embargo, independientemente de la interpretación correcta, el punto principal es claro: la humanidad estaba cayendo cada vez más profundamente en el pecado y corriendo cada vez más lejos de Dios.
Tomado de: gotquestions.com
Génesis 6:1-4 hace referencia a los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Ha habido muchas opiniones sobre quiénes eran los hijos de Dios, y por qué los hijos que tuvieron ellos con las hijas de los hombres crecieron como una raza de gigantes (así parece indicarlo la palabra “Nephilim” = gigantes).
Las tres primeras opiniones sobre la identidad de los “hijos de Dios” son que (1) eran ángeles caídos, o (2) poderosos gobernantes humanos, o (3) los buenos descendientes de Set, que se casaron con los descendientes malos de Caín. Apoyando a (1), es el hecho de que en el Antiguo Testamento la frase “hijos de Dios” siempre se refiere a ángeles (Job 1:6; 2:1; 38:7). Un problema potencial con (1) es el hecho de que Mateo 22:30 indica que los ángeles no se casan. La Biblia no nos da razón para creer que los ángeles tienen género o que son capaces de reproducirse. Las opiniones (2) y (3) no tienen este problema.
La falla en las opiniones (2) y (3), es que los hombres humanos ordinarios que se casaron con mujeres humanas ordinarias, no explican por qué la descendencia eran “gigantes” o “héroes de la antigüedad, o varones de renombre”. Más tarde, ¿Por qué decidió Dios traer el diluvio sobre la tierra (Génesis 6:5-7) cuando Dios nunca prohibió que hombres humanos poderosos o descendientes de Set se casaran con mujeres humanas ordinarias o descendientes de Caín? El siguiente juicio en Génesis 6:5-7 está ligado a lo que tuvo lugar en Génesis 6:1-4. Solo el obsceno y perverso matrimonio de ángeles caídos con mujeres humanas parecería justificar la dureza de este juicio.
Como se señaló anteriormente, la debilidad del primer punto de vista es que Mateo 22:30 declara: «Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo». Sin embargo, el texto no dice «los ángeles no pueden casarse». Más bien, sólo indica que los ángeles no se casan. Segundo, Mateo 22:30 se refiere a los «ángeles en el cielo». No se refiere a los ángeles caídos, que no se preocupan por el orden creado por Dios y buscan activamente maneras de interrumpir el plan de Dios. El hecho de que los santos ángeles de Dios no se casen ni tengan relaciones sexuales, no significa que lo mismo sea cierto para Satanás y sus demonios.
Creemos que la opinión (1) es la más indicada. Sí, es una interesante “contradicción” decir que los ángeles no tienen sexo y luego decir que los “hijos de Dios” eran ángeles caídos que procrearon con mujeres humanas. Sin embargo, aunque los ángeles son seres espirituales (Hebreos 1:14), también pueden tomar formas humanas (Marcos 16:5). Los hombres de Sodoma y Gomorra querían tener sexo con los dos ángeles que estaban con Lot (Génesis 19:1-5). Es admisible que los ángeles sean capaces de tomar forma humana, hasta el punto de duplicar sus características sexuales y posiblemente hasta su reproducción. Pero, ¿por qué los ángeles caídos no siguieron actuando de esta manera? Parece que Dios “encerró en prisiones de oscuridad” a los ángeles caídos que cometieron este abominable pecado, para que los otros ángeles caídos no hicieran lo mismo (como se describe en Judas 6). Los primeros intérpretes hebreos, escritos apócrifos y pseudoepígrafos son unánimes en sostener la opinión de que los ángeles caídos son los “hijos de Dios” mencionados en Génesis 6:1-4. Por supuesto que esto no cierra el debate. Sin embargo, la opinión de que Génesis 6:1-4 involucra a ángeles caídos apareándose con mujeres humanas, tiene fuertes bases contextuales, gramaticales e históricas.
R. C. Sproul:
Para entender este difícil pasaje, tenemos que considerar la aplicación más amplia de la frase “hijos de Dios”. Se utiliza principalmente para referirse a Jesús mismo; Él es el Hijo de Dios. Como se señaló, a veces se utiliza para referirse a los ángeles (Job 1:6; 21:1; Sal. 29:1). También se utiliza a veces para hablar de los seguidores de Cristo (Mt. 5:9; Ro. 8:14; Gál. 3:26). Por lo tanto, el concepto de filiación divina en las Escrituras no siempre está vinculado a una relación biológica u ontológica (relación de ser). Más bien, se utiliza principalmente para establecer una relación de obediencia. Esto significa que Génesis 6 podría simplemente estar hablando de los matrimonios mixtos de aquellos que manifestaron un patrón de obediencia a Dios en sus vidas y aquellos que eran paganos en su orientación. En otras palabras, este texto probablemente describe matrimonios entre creyentes y no creyentes.
El contexto inmediato de Génesis 6 apoya esta conclusión. Siguiendo la narración de la caída en Génesis 3, la Biblia traza las líneas de dos familias, los descendientes de Caín y de Set. La línea de Caín se relata en Génesis 4, y esta línea muestra una proliferación de maldad, coronada por Lamec, quien fue el primer polígamo (Gén. 4:19) y quien se regocijaba en el uso asesino y vengativo de la espada (Gén. 4:23-24). Por el contrario, la línea de Set, que se traza en Génesis 5, muestra rectitud. Esta línea incluye a Enoc, quien “caminó con Dios, y… desapareció, porque le llevó Dios” (Gén. 4:24). En la línea de Set nació Noé, quien fue “un hombre justo, sin mancha en su generación” (Gén. 6:9). Por lo tanto, vemos dos líneas, una que obedece a Dios y la otra que lo desobedece voluntariamente.
Por lo tanto, muchos eruditos hebreos creen que Génesis 6 no describe el matrimonio entre ángeles y mujeres humanas, sino el matrimonio entre los descendientes de Caín y Set. Las dos líneas, una de los piadosos y otra de los malvados, se unen, y de repente todos se ven envueltos en la búsqueda del mal, de modo que “todo designio de los pensamientos del corazón [del hombre] era de continuo solamente el mal” (Gén. 6:5). No necesitamos suponer una invasión de la tierra por ángeles para entender este capítulo.
Resolver las dificultades interpretativas de Génesis 6 nos recuerda que debemos ser muy cuidadosos al sacar inferencias de las Escrituras que no estén necesariamente justificadas. Los términos descriptivos “hijos de Dios” e “hijas del hombre” no nos dan licencia para hacer la suposición de interacción entre seres celestiales y seres terrenales. Tenemos que ser muy cuidadosos cuando analizamos un texto difícil como este para ver cómo se usa el lenguaje en el contexto más amplio de las Escrituras. Es un principio muy importante que las Escrituras deben ser interpretadas por las Escrituras.

