Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Parte 3:
Dios otorgó a las mujeres biológicas el maravilloso don de la maternidad. Pero el sistema del mundo se empeña en profanar ese potencial de vida sagrado. La universalización del aborto y el fenómeno actual de “alquiler de vientres” son dos claros ejemplos de ello.
La “gestación por sustitución” o “maternidad subrogada” es una práctica en auge hoy, mediante la cual una mujer acepta gestar en su vientre un embrión por encargo de otra/s persona/s, acordando entregarles el bebé al nacer, renunciando a considerarlo hijo/a propia. Para lograrlo, se emplean técnicas de reproducción asistida como la inseminación artificial o la fecundación in vitro, gracias a los avances de la ciencia.
Subrogar es reemplazar o sustituir. El dilema ético se plantea porque esto se hace en el marco de un acuerdo comercial que tiende a involucrar a una mujer, que por necesidades económicas alquila su vientre a otra mujer o a parejas del mismo sexo que no pueden procrear.
En muy contadas ocasiones el procedimiento tiene fines altruistas, como por ejemplo, una mujer que preste su vientre sin costo, para que una hermana suya o amiga infértil pueda llegar a ser mamá. En tal caso hablaríamos de una gestación solidaria; un servicio por compasión.
Pero la mayoría de las veces se trata de bebés procreados por encargo de personas desconocidas, inclusive de otros países y el acuerdo se cierra con un pago económico; por eso se habla de “alquiler de vientres.”
Como este tipo de negocio es ilegal en muchos países, se ha creado el llamado “Turismo Reproductivo”: las personas viajan a países extranjeros donde la gestación subrogada es legal, con el fin de alquilar vientres.
Madres “alquiladas”
Las mujeres que se “alquilan” deben ser jóvenes y sanas. Para probarlo, deben someterse a chequeos muy exhaustivos físicos, psicológicos, nutricionales, a veces genéticos. Asimismo, deben haber tenido sus propios embarazos sin complicaciones y no muchas cesáreas.
La “madre de alquiler” involucra su propio cuerpo, su bio-química, sus emociones y su apego afectivo en el proceso. Pero declara de antemano ante abogados que no tendrá ningún tipo de responsabilidad acerca del bebé una vez nazca (ni económica ni de otra índole). La mujer gestante se obliga a no apegarse afectivamente al ser que lleva en su cuerpo durante 9 meses y acepta no volver a verlo nunca más luego de parirlo, lo cual supone una renuncia anti-natural para el sexo femenino, que les genera angustia y dolor.
La pandemia dejó al descubierto una “verdadera fábrica de bebés” para la venta en Ucrania, que no podían ser entregados al nacer a quienes los compraban debido al cierre de fronteras y confinamiento obligatorio por la crisis sanitaria. Diversos medios de prensa informaron que en Ucrania existe un Centro de Reproducción Humana al cual acuden personas de diversos países para “adquirir” bebés recién nacidos, gracias a que la maternidad subrogada es legal allí. Se pagan decenas de miles de dólares o euros por alquilar un vientre.
Países como Canadá, regiones de Estados Unidos, Reino Unido, Ucrania, Georgia, Rusia, Sudáfrica, Australia y Tailandia admiten esta práctica. Otros la prohíben o no tienen legislación al respecto.
La demanda
Esta práctica desvirtuada de la maternidad obedece a distintas razones:
-Cada vez más mujeres en etapa de procrear retrasan el embarazo, priorizando otros objetivos en sus vidas y cuando optan por ampliar su familia, se encuentran con que su fertilidad ha disminuido.
-Otras mujeres, pudiendo concebir, eligen no hacerlo para ahorrarse todas las incomodidades físicas, estéticas y los tiempos de quietud que suele conllevar un embarazo.
-Recurren también a esta práctica, parejas declaradas estériles por la medicina.
-Asimismo, pacientes que cursan o cursaron cáncer o que no pueden gestar por causas diversas: no tienen útero, recibieron quimio, padecen endometriosis severas u ovarios poliquísticos. Ellas consideran la subrogación como último recurso a apelar.
-También, personas solteras por elección, hombres o mujeres que desean formar familia en solitario.
-Crece la demanda de parejas de igual sexo o LGTB+ que procuran formar familias y naturalmente no pueden procrear.
Aspectos bioéticos del asunto
Esta práctica está prohibida en muchos países y recientemente la máxima autoridad de la iglesia católica se pronunció a favor de que se prohíba en todos los países este tipo de negocios por considerar que denigran a los seres humanos: cosificando al bebé y explotando la necesidad económica o extrema pobreza de la mujer que se alquila.
El cuerpo de la mujer es utilizado como una máquina o medio de producción y los bebés se compran como una mercancía más del mercado. Donar óvulos y alquilar vientres formarían parte del multimillonario “negocio de la fertilidad”. Las clínicas intermediarias, agencias y abogados involucrados en cada caso explotan económicamente a mujeres pobres, obteniendo muy interesantes ganancias.
De los 35.000 euros que puede costar el procedimiento en algunos países, los intermediarios se quedan con la tajada mayor, y a la madre alquilada llegan apenas 7.000 euros en carácter de lucro cesante, dado que durante la gestación no estaría en condición de trabajar normalmente (si es que tuviera trabajo). Observadores del fenómeno han dicho que, de los “vientres de alquiler” a la “trata de personas”, hay apenas un paso.
La primacía del deseo egoísta
Muchos de los individuos que contratan vientres de alquiler enfatizan su deseo de cumplir un sueño personal. Poco o nada hablan de satisfacer las necesidades y derechos del ser gestado. ¿Es legítimo eso? Desde el punto de vista de los Derechos Humanos, los niños así gestados han pasado de ser sujetos de derecho a “objetos” en este escenario.
Preguntas difíciles
¿Qué ocurre si alguna de las partes se echa atrás durante el proceso?
¿Tiene derecho la pareja solicitante a exigir cambios de estilo de vida a la mujer gestante?
¿Cómo se procede si surgen complicaciones de salud en la gestante o en el embrión o en el caso que el bebé venga con alguna anomalía (síndrome Down o con malformaciones) y que sea rechazado por los contratantes?
¿Qué pasa si el bebé muere en el proceso y la mujer gestante ya hubiera recibido parte del pago acordado?
¿La madre gestante puede ser obligada a someterse a cesárea por la clínica interviniente o por los padres adoptantes?
Se ha sabido de parejas que aportaron un material genético contaminado con sida, contagiando así a la madre de alquiler. Al detectarse la patología en el embrión, las parejas se desentendieron del caso, abandonando a la gestante y al bebé.
Parejas de avanzada edad estarían intentando rentar vientres para concebir niños que luego cuiden de ellos en la ancianidad. ¿Es justo esto?
Advertencias de UNICEF (Febrero 2022)
“Los niños y niñas nacidos por gestación subrogada, corren el riesgo de sufrir múltiples violaciones de derechos humanos, en particular, su derecho a la identidad, incluidos el nombre, la nacionalidad, las relaciones familiares y el acceso a sus orígenes; el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud; y el derecho a no ser vendidos.”
Maternidad como diseño divino
La maternidad es una muestra del favor de Dios. (Génesis 4: 1)
Refleja atributos de Dios hacia su pueblo. (Oseas 11: 3 – 4; Isaías 66: 13)
Es herencia y recompensa divina. (Salmo 127: 3 – 4)
El proceso de la maternidad, según el diseño divino, no requiere ser enmendado por el ser humano, porque “Las obras de Dios son perfectas” (Deuteronomio 32: 4).
El contexto para el desarrollo de la maternidad, según el Creador, es la pareja heterosexual que en un vínculo de amor, respeto y compromiso de por vida, generan el ambiente propicio y seguro para engendrar y criar descendencia. Y el interés superior del niño queda asegurado en tal escenario. La gestación en el propio cuerpo de la madre crea un vínculo indestructible e indisoluble de muy largo alcance entre la mamá biológica y la criatura.
“¡Qué maravillosas son tus obras, Señor!” (Salmos 92: 5)
“Grandes y maravillosas son tus obras”. (Apocalipsis 15: 3)
La adopción transforma vidas
Para las parejas heterosexuales infértiles sigue existiendo la opción de la adopción, pero parece haber caído en descrédito por los tiempos de demora en concretarse o porque no siempre es factible acceder a adoptar bebés.
Pero la adopción es un instituto que disemina muchísima bendición, tanto al adoptado como a la familia adoptante. Y cuenta con el beneplácito del cielo, pues la Biblia declara que nosotros mismos hemos sido adoptados:
“…habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba Padre!” (Romanos 8: 15)

