Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Parte 3:
“Del Señor es la Tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan” (Salmos 24: 1), dice la Biblia.
El patriarca Abraham se convirtió en migrante por orden de Dios, quien le indicó: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré” (Génesis 12: 1). Asimismo, los descendientes de Jacob migraron también por orden divina, desde la tierra de Egipto a la tierra de Canaán. (Éxodo 3: 10)
La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) consagra en su Artíc. 13: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.”
Cifras
Entre el 2005 y el 2020 se duplicó el número de personas que se desplazaron de su país de origen. “Al 1 de julio de 2020, se estimó que el número de migrantes internacionales en todo el mundo era de casi 281 millones (dato ONU).”
El año 2023 marcó un record histórico de migración en América Latina: Ocho millones de nativos abandonaron Venezuela en los últimos años. En Uruguay, el número de extranjeros va en aumento impulsado por la ola de venezolanos, argentinos y cubanos. El 3 % de los residentes en nuestro suelo son extranjeros, según el último Censo. Casi 62.000 personas. Y ello se considera positivo, dado que somos el país con la tasa de natalidad más baja del continente. Paralelamente, miles de cubanos vienen utilizando a Uruguay como trampolín para llegar a Estados Unidos y a Europa.
Motivos
Mayoritariamente, se trata de una migración forzada, motivada por la mala calidad de vida, la pobreza y el hambre, la búsqueda de mejores oportunidades de trabajo y estudio, la inestabilidad política o la violencia y extorsión ejercida por pandillas en diversos países.
Como común denominador en Latinoamérica, hablamos de países mal administrados y con alta corrupción, lo cual incentiva a huir a sus ciudadanos. La mayoría de los migrantes son jóvenes. Muchos de ellos con buen nivel educativo.
En América Latina el 51 % son de sexo femenino, y se desplazan con sus hijos pequeños. El contingente de migrantes que circula sobre el planeta en la actualidad incluye con frecuencia a niños que viajan solos, sin la protección de un adulto responsable.
Tipos de migrantes
Existen distintos tipos de migración: regular e irregular. Migrar de modo regular implica hacerlo legalmente; con pasaporte, opción de trabajo ya prevista y utilizando los medios de transporte pertinentes: buses, aviones, barcos.
La migración irregular supone salir evadiendo controles migratorios, a pie o embarcado clandestinamente -oculto y sin pagar -en algún medio de transporte de personas o de mercaderías, sin consentimiento del propietario. Suelen partir a pie, atravesando fronteras, selvas o ríos. Se exponen al riesgo de sufrir ahogamiento, caídas o enfrentar otros peligros naturales. Son víctimas de estafas, robos y hasta violencia sexual. A menudo son detenidos y repatriados a sus países de origen. EE. UU. deportó en el año 2023 a alrededor de 380.000 migrantes.
Origen y destinos
Los países de origen de la ola migratoria actual son México, Venezuela, Colombia, Haití, Cuba, Brasil, África, Siria, Ucrania. Los destinos más deseados: Europa (en particular Alemania), Asia, América del Norte (EE.UU., Canadá) y también algunos países latinoamericanos.
Uruguay, por su imagen de país estable en lo político, lo económico, niveles de violencia controlados y la disponibilidad de un sistema público de enseñanza, ha sido elegido como opción migratoria permanente o transitoria por un número considerable de personas, a pesar del alto costo de la vida aquí. Dependencias como la Dirección Nacional de Migración intentan facilitarles la residencia, informándoles sobre trámites, derechos y oportunidades en el país.
Reacciones
Países como EE. UU. han intentado endurecer su política migratoria, deteniendo y expulsando a extranjeros indocumentados. Se habla del surgimiento de sentimientos de xenofobia u hostilidad hacia los extranjeros en varias naciones. Supone miedos, desconfianza, prejuicios y rechazo, basados en la creencia que el recién llegado les quitará fuentes de trabajo o practicará la delincuencia para sobrevivir. Pero países europeos como Alemania, donde la natalidad es muy baja, les abren puertas amigablemente, aunque bajo condiciones exigentes.
¿Existe el duelo migratorio?
Tener que migrar es un evento traumático. Si bien quien sale lo hace con la esperanza de una vida mejor, tendrá que desprenderse de afectos, amistades, sus raíces, una historia de vida e identidad construidas y de la cultura que conoce y comparte, aventurándose a un futuro prometedor pero desconocido. Extrañará la comida, la música o aún paisajes de su tierra natal. Se suele sentir culpa por haber abandonado a su familia y no poder acompañarles en momentos tristes o difíciles que ellos atraviesen.
Algunos piensan que el duelo migratorio es inevitable. Es dolor por el alejamiento de la familia y de los amigos, sus costumbres, su comida, clima, su lenguaje o modismos al hablar, sus fechas patrias, su estilo de vestir y la pérdida del status social que ostentaban en su país de origen. Quienes poseen un título profesional, al migrar pueden pasar a entregar volantes en calles o tener que conducir un taxi en el nuevo país. El duelo se agudiza si perciben que los sueños no se alcanzan en el nuevo escenario.
El duelo sería la respuesta emotiva esperable frente a las pérdidas psicológicas y sociales derivadas de migrar. Cuando se complejiza, puede poner en riesgo la salud mental, surgiendo sentimientos de desesperanza, inadaptación, tristeza, vivencia de pérdida o añoranza permanente por lo que dejó atrás. Se acompaña a veces por desinterés en seguir luchando por un nuevo proyecto de vida.
En el proceso de transitar el duelo se han advertido ciertas etapas:
a – luna de miel: consiste en la idealización del nuevo lugar, pensando: “haré amigos, ganaré mucho dinero, aprenderé el nuevo idioma fácilmente”.
b – choque cultural o etapa depresiva, donde la realidad se impone a la idealización. El migrante enfrenta problemas para hallar trabajo, alquilar la casa u obtener la visa.
c – adaptación o inculturación, cuando se logra una integración saludable al nuevo entorno.
“Síndrome de Ulises”
Se inspira en las aventuras del personaje Ulises del poema épico “La Odisea”, quien tuvo que emprender un largo viaje, separándose de sus seres queridos y encarando múltiples situaciones adversas. Y aunque obtuvo la victoria en lo que emprendió, Ulises no disfrutaba de ese triunfo plenamente pues su mente seguía fijada en la familia que dejó atrás, su esposa Penélope y su hijo Telémaco.
“…Y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente…” (Odisea, Canto V, 150).
Como en la historia referida, si el estés que el migrante sufre es muy intenso y continuado, puede configurarse el llamado “Síndrome de Ulises”. Se advierte cuando se suman actitudes discriminatorias por ser extranjero (xenofobia), amenazas de deportación por no tener documentos en regla, sentir de soledad o aislamiento por no encontrar apoyo emocional, vivencia de indefensión por abusos laborales o sexuales, miedos. Se puede expresar en tensión muscular, ansiedad e irritabilidad, dificultades para dormir, tristeza. El síndrome desaparece cuando se superan los obstáculos que le dieron origen.
¿Cómo responde la Iglesia a la ola migratoria?
Una joven emigró desde Colombia a Uruguay a sus 18 años, para mejorar su situación económica. Luego de 10 años de residencia, si bien se siente bastante integrada a la sociedad uruguaya y es miembro de una comunidad cristiana, nos dijo: “la mayor ayuda que he recibido ha sido de otros migrantes”. Ecuatorianos le dieron su primer empleo, peruanos la alojaron en una pensión y ahora le alquila una propietaria china. En su trabajo, sus jefes son judíos.
Nos aclara: “La Iglesia al principio estuvo siempre abierta a ayudar, cubriendo las necesidades básicas, ayudando en trámites y para conseguir vivienda y trabajo. También dando cobertura espiritual. Pero con el tiempo se fue olvidando de ser compañía en lo emocional, alguien con quien pasear el fin de semana, compartir los tiempos de ocio, o charlar cuando lo necesitas, sin sentir que molestas.
Nos enfatizó: “quien migra necesita compañía, que se le acompañe”. Añade que según su experiencia, a la Iglesia le está faltando hacerlos sentir en familia, para que se cumpla la promesa divina del Salmo 68: 6 “Dios ubica a los solitarios en familias”. Y concluyó: “Y solo te queda seguir orando, llorando, andando. Mientras sigues pensando si será mejor volver a tu país”.
Si bien es un testimonio estrictamente individual, nos dejó pensando….
Otra chica salió de Venezuela a sus 25 años solo para conocer otros países (antes que el suyo entrara en crisis). Vivió emociones encontradas: expectativas y nostalgias, temor al fracaso, a estafas y a secuestros. Salió con amigos. Al llegar a Uruguay le robaron U$S 2.000 al segundo día. Experimentó mucha solidaridad uruguaya luego del robo. Sabe conversar mucho por lo que pudo integrarse bien. Soñaba con instalar un restaurante de comida venezolana aquí pero no pudo concretarlo. Al año conoció la Iglesia y pudo probar por la vía de los hechos el amor de Dios; desde un abrazo a una frazada. Vio a la iglesia brindar ayuda a muchísimos extranjeros con el correr del tiempo, provenientes de su país. Hoy vive en un Hogar de la Iglesia junto a otras chicas, emplea su tiempo en evangelizar y espera formar aquí una familia propia cristiana.
Ambas migrantes relatan vivencias distintas. ¿Será que características personales como la capacidad de comunicación y la confianza en sí mismas ayuda a la hora de profundizar la integración en el país de acogida? De todos modos, cualquiera sea el perfil de personalidad del migrante, el reto de Dios sigue siendo el mismo:
“Cuando algún extranjero se establezca en vuestro país, no lo tratéis mal. Al contrario, tratadlo como si fuera uno de vosotros. Amadlo como a vosotros mismos, porque también vosotros fuisteis extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor y Dios de Israel.”
(Levítico 19: 33 – 34)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

