Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
El siglo XIX trajo consigo la abolición de la esclavitud para numerosos países de los continentes americano y europeo, prohibiéndose la trata y posesión de esclavos, estableciendo la libertad de vientres (los hijos de las esclavas nacerían libres). Así, la humanidad se liberaba gradualmente de un flagelo infame que azotó a la especie humana y se ensañó particularmente con grupos vulnerables como indígenas y africanos, entre otros. Nuevas leyes consagraron que todos los hombres nacen, viven y mueren en libertad.
Pero la supresión legal de la esclavitud no significó quitar de la mente y el corazón del ser humano, el deseo de tomar posesión y control de la libertad de su prójimo y hacerle trabajar o rendir en provecho propio, es decir, explotarlo. La apropiación de una persona por parte de otra continúa al día de hoy bajo diversas formas en el planeta.
La explotación sexual es una de las principales formas de explotación moderna y cuesta decirlo, la más lucrativa. La mitad de las víctimas de “trata de personas” en el mundo lo son por explotación sexual. Las víctimas suelen tener como denominador común, la extrema pobreza. De los 20 millones de personas víctimas de trata, un tercio son menores, niños y adolescentes.
El caso del niño de 5 años desaparecido recientemente en la localidad argentina de Corrientes, sin noticias ciertas sobre su paradero, ha puesto sobre el tapete esta realidad oculta, de ribetes insospechados, como el robo y la venta de niños por cifras millonarias.
Los niños que se venden son usados en la prostitución infantil. Prostíbulos en diversas partes del mundo, emplean desde bebés de pocos meses a individuos adultos. Existe explotación infantil Vip. Las redes de traficantes buscan seres vulnerables en todas partes del mundo, a quienes hacen creer que han nacido para ser víctimas de tal explotación. Esta realidad no es nueva y la película Sonido de libertad (2023) nos descorrió el velo para que conociéramos los entretelones.
La trata de personas parece haberse incrementado a la par del fenómeno migratorio, en particular, para migrantes ilegales. Actualmente, chicas son traídas con promesas de trabajo (a veces de modelaje o artístico) desde el interior de un país a ciudades capitales, donde luego les quitan sus documentos y son explotadas sexualmente. Los prostíbulos suelen estar ubicados en la trastienda de un restaurante o de una tienda, de modo que la fachada nunca permite conocer lo que pasa detrás. Asimismo, se cuenta del caso de enfermeras que han vendido bebés. O de mamás en situación de extrema pobreza, que ofrecen a sus hijas para prostitución a cambio de dinero.
Cada 16 segundos una persona es secuestrada en el mundo con el fin de la explotación sexual, en el 80 % de los casos infantil, según datos de integrantes de diversas Ongs cristianas que luchan en contra de estas prácticas perversas.
En muchos casos, la complicidad de funcionarios del Estado hace difícil hallar a las víctimas a tiempo. Dentro de las 24 horas de desaparición de una persona, debería librarse cierre de zonas, barrios y finalmente fronteras para impedir que sea sacada del país donde desaparece, pero a menudo no se logra a tiempo ese cierre y luego es difícil recuperar a las víctimas. La posibilidad de la legalización de la pedofilia, y los adultos que dicen auto-percibirse como niños, son nubarrones que se ciernen sobre los menores de edad en la actualidad.
Hay al menos 2 millones de niños en esclavitud sexual en el mundo, según Tim Ballard, personaje de la película Sonido de libertad. Ello evidencia la dimensión de la demanda del servicio infame. Cada niño puede ser vendido a más de 15 clientes al día. ¡Es monstruoso!
La explotación sexual infantil se mantiene gracias a que hay demanda. Ha crecido mucho el turismo sexual de individuos pedófilos.
Además de sentir rabia e impotencia, ¿Qué podemos hacer como cristianos? La misión de la iglesia es predicar el evangelio, pero también nos compete ser defensores de la dignidad humana para ser luz en medio de tanta oscuridad. Cada ser humano es portador de la imagen de Dios y merece el máximo respeto. Nunca debería ser tratado como un objeto al servicio de su prójimo.
¿Quiénes conforman la demanda de esclavitud sexual infantil? Todos los adultos involucrados en el turismo sexual infantil. Además, todas las personas que buscan y consumen pornografía. Quizá un adolescente o joven de nuestra familia, nuestro hijo, nieto o sobrino. Tal vez un esposo o esposa que utiliza la pornografía como recreación. Cualquiera de nosotros que tenga una mirada u opinión permisiva frente al material pornográfico, está ayudando a que ese negocio perverso crezca y la vida de niñas y niños inocentes sea dañada definitivamente.
Y no olvidemos que existe mucho abuso sexual intrafamiliar, y no debemos mirar para otro lado cuando tenemos sospechas o evidencias de ello en nuestro entorno. Padrastros, hermanos mayores o vecinos suelen abusar de niños, niñas, adolescentes o jóvenes, que no se animan a denunciarlo, pues piensan que no les creerán o porque les avergüenza contarlo. Casi todo abusador, comenzó su declive moral consumiendo material pornográfico. Todos deberíamos estar alertas ante este riesgo y ponernos del lado de las víctimas para defenderlas y denunciar este delito.
Existen Ongs cristianas trabajando en este asunto y han logrado rescatar menores de esas situaciones. Ellos plantean que la iglesia de Cristo debe estar atenta a las situaciones que atraviesan los niños que asisten a las escuelas bíblicas para instruirles, protegerles y ayudarles.
Nos compete enseñar a niños y niñas que sus cuerpos son creación de Dios, y por tanto, una propiedad que deben cuidar. Que el cuerpo tiene partes íntimas que sólo sus mamás o el médico pueden tocar. Que nadie debe obligarles a exhibir esas áreas privadas o presenciar las ajenas. Que no deben guardar ningún secreto sobre este tema, si alguien les pide o amenaza para que no cuenten la manipulación que hagan de sus cuerpos. Y es fundamental creerles cuando relatan situaciones con apariencia de abuso y ello debe ser investigado y denunciado, si corresponde.
En Uruguay, la línea azul de INAU brinda asesoramiento al respecto.
La maldad contra los menores de edad es un signo de extrema decadencia de las sociedades y/o gobiernos corruptos. El faraón déspota de Egipto en tiempos bíblicos había decretado la muerte de bebés, al igual que Herodes gobernante de Judea en tiempos de Jesús. Tal como ellos, los que hoy abusan de niños no quedarán sin castigo de Dios. Jesús advirtió a quienes dañan a inocentes que más les valdría que les ataran una gran piedra al cuello y les arrojaran al mar (Marcos 9: 42).
Para quienes han sido víctimas de esta maldad hay esperanza en Cristo. Dios hace nuevas todas las cosas. Les reposiciona como criaturas portadoras de Su Imagen, les devuelve la dignidad al integrarlas a la familia de Dios en la Tierra y les cambia sus historias de vida (nuevas criaturas), como lo hizo con José en Egipto, luego que sufriera diversos vejámenes: “Ustedes planearon mal contra mí, pero Dios lo encaminó todo para bien”. (Génesis 50:20)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

