Por: Ps. Graciela Gares
Mientras en la Convención Internacional de Derechos del Niño se establece que todas las decisiones que se tomen en relación a un niño, niña o adolescentes deben ir orientadas a promover su bienestar, cada vez más la niñez es utilizada como “punta de lanza” para introducir en la sociedad, cambios culturales opuestos a la ética y la moral judeo – cristiana.
A modo de ejemplo, la celebración de Halloween se introdujo en nuestra cultura como una divertida fiesta de disfraces que tiene a los niños como protagonistas. Pero detrás de la diversión hay una propuesta de acercamiento a un mundo oscuro en lo espiritual.
Asimismo, la llamada “ideología de género” viene siendo introducida en programas educativos para la primera infancia y adolescencia en distintos países, para que, una vez asumida por ellos, presente menor resistencia en la sociedad toda, y así alterar definitivamente el concepto de lo masculino y lo femenino, en contra del determinismo que marca la biología.
Otro ejemplo fue la introducción del personaje de Santa Claus compitiendo y/o desplazando al niño Jesús del centro de la atención en Navidad. Papá Noel seduce a los niños con sus regalos en la misma noche en que todo el planeta debería rendir adoración exclusiva a Jesús, hijo de Dios, quien se encarnó para liberarnos de la esclavitud al mal y sus consecuencias.
Pero la historia no acabará allí. Una reciente realización cinematográfica destinada a los niños, titulada “Querido Santa”, intentará desde este año desplazar nuevamente al legítimo protagonista de la noche navideña, con otro personaje que se robe la atención infantil. Y será un personaje de la oscuridad.
Sin dudas, a quienes usan la infancia con fines ideológicos, les importa poco el principio del interés superior del niño, consagrado en la Convención Internacional que citábamos en párrafos anteriores. La inocencia e ignorancia de niños, niñas y adolescentes les resulta una puerta abierta para introducir nefastos cambios de valores en la sociedad.
En general, los menores de edad carecen de un pensamiento crítico lo suficientemente desarrollado para percibir que están siendo manipulados y engañados. Pero están sujetos a la tutela de adultos, padres o tutores, quienes deben efectuar el análisis de las ideologías que se pretendan filtrar en la mente de los chicos y defenderlos del error.
En caso que el niño perciba que el contenido de una película, un libro o de una clase que recibe no está de acuerdo con sus creencias o con lo que aprendió en su casa, su opinión no será tenida en cuenta porque la voz de los niños no cuenta demasiado en nuestras sociedades. Será desoído o silenciado.
El niño o niña no solo es crédulo. Posee además como característica, un cerebro que absorbe mucho y graba a fuego en él toda experiencia que lo impacte fuertemente en lo emocional. La Biblia misma lo indica cuando dice: “instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”. (Proverbios 22: 6). Ello es bien evidente en los ancianos. Aunque con la edad la memoria reciente les comienza a fallar, no obstante, suelen conservar de modo muy vívido recuerdos de experiencias de su infancia o relativas a sus padres.
El cerebro del niño está en proceso de expansión y desarrollo a gran velocidad durante los primeros años de vida, reteniendo y grabando información, vivencias, imágenes y sonidos. Por tanto, es un campo fértil para sembrar en él ideologías que perduren a lo largo de su vida.
Por ello, Dios puso en manos de los padres el privilegio de imprimir en la mente de sus hijos los mandamientos divinos que regirán sus vidas. Esto sería una tarea continua, desarrollada en todo momento de cada día, según instruyó Dios a su pueblo a través del patriarca Moisés (Deuteronomio 6): “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.”
Hoy cada padre o madre, tíos o abuelos tienen un competidor fuerte e intrépido que invade el campo de la educación hogareña y pretende suplantarlo como educador. Agentes públicos como el Estado o privados como la industria del entretenimiento, están usurpando el privilegio parental de sembrar valores en la mente de los niños. Apelan a un arsenal tecnológico muy llamativo para capturar la atención de los pequeños e impresionarlos. Pero los padres cuentan a su favor con el componente afectivo que hace que todo lo aprendido en un contexto de alta carga amorosa, como sucede en el hogar, no se borre de la memoria jamás.
Es tiempo, por tanto, de redoblar esfuerzos por parte de las familias cristianas, enseñando a los chicos a amar y conocer a Dios y sus mandamientos, “para que les vaya bien y sean de larga vida sobre la Tierra.” Ningún tiempo mejor invertido; ninguna herencia es más provechosa para dejarles a las nuevas generaciones.
“Y la verdad es que los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz al lidiar con el mundo que los rodea,” dijo Jesús según registra Lucas 16: 8.
Pero también nos comisionó a sus seguidores para que no escondamos la luz de la verdad que conocemos: “Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa.” (Mateo 5: 14 – 15)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

