Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Los “sin techo” o personas que carecen de un lugar donde vivir reflejan una de las realidades más duras del mundo actual. Excluidos del entramado social han perdido su dignidad como ciudadanos. Y el fenómeno no se circunscribe a países tercermundistas, sino que casi en cualquier lugar del mundo adonde viajemos podemos tropezarnos con él, aunque no siempre estén a la vista del turista.
Según el último censo del MIDES, casi 4.000 personas en Uruguay viven en calles, pernoctando en refugios o a la intemperie. Y en este año de puja electoral en Uruguay, el sistema político parlamentario acaba de aprobar una ley para paliar el problema, pero ha resultado muy polémica.
INTERNACIÓN INVOLUNTARIA/TRASLADO COMPULSIVO
Desde el pasado 25 de agosto de 2024 rige una nueva ley que habilita el retiro de la vía pública -aún contra su voluntad- de personas sin hogar, si presentan enfermedad grave, juicio alterado por descompensaciones psiquiátricas o por efecto de drogas. El objetivo invocado es proteger y salvaguardar la salud y la vida de las personas en situación de intemperie completa. La ley N° 20.279 denominada de “Prestación de asistencia obligatoria por parte del Estado a las personas en situación de calle”, establece la internación compulsiva.
El procedimiento a aplicar es el siguiente:
a.- El Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) por denuncia de terceros, a pedido del involucrado o por informe del Equipo Calles en sus recorridas, brindará asistencia primaria.
b.- Si observan que existen condiciones de riesgo de enfermedad grave, muerte o juicio mental alterado, solicitarán la presencia de médico a la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE).
c.- Constatado un riesgo, si el involucrado se niega a ser conducido a un centro de salud, se pedirá asistencia al Ministerio del Interior para su traslado obligado. Una vez estabilizada y con alta médica, la persona deberá elegir alguna opción de las que brinda el MIDES: refugios, casas de medio camino 24 hs., hogares asistidos.
Recientemente, un artículo de prensa daba cuenta que de 11 personas que fueron hospitalizadas en los primeros días de aplicación de la nueva Ley, más de la mitad volvió a la calle en menos de 24 horas, luego de haber sido estabilizadas en su salud. Diversos organismos de la sociedad se expidieron acerca del nuevo procedimiento, expresando dudas y controversias sobre la eficacia de esta medida.
CONTROVERSIAS
El Sindicato Médico del Uruguay, habría expresado a la prensa, que anticipan el riesgo de saturación de las ya congestionadas puertas de Emergencia de los Centros de Salud. Sienten preocupación también por los médicos que deban participar del procedimiento en calles, debiendo diagnosticar sin tener datos mínimos sobre el sujeto.
Por su parte, la Coordinadora de Psicólogos emitió un comunicado expresando su desacuerdo y rechazo de la metodología empleada porque no supone un abordaje integral del problema. No se contemplan ni ofrecen soluciones a largo plazo para problemáticas como haber quedado sin vivienda o sin trabajo, sin contención familiar o social (vínculos familiares rotos), o haber salido recientemente del sistema carcelario, entre otras variadas causales. Asimismo, hacen referencia a episodios ocurridos que evidenciaron “la violencia ejercida, así como, la vulnerabilidad de un sector de nuestra población, que vio aumentada su exposición pública, su estigmatización, el avasallamiento de sus derechos.”
A su vez, la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay se pronunció al respecto, destacando la ineficacia de internar a un adicto si éste no tiene interés en suspender el consumo. Recuerdan también que por Ley 18.335, todo tratamiento debe acordarse entre médico y paciente dando éste último su consentimiento informado o negándose a recibirlo y siendo informado de las consecuencias a las que se expone. Sólo cuando medien razones de urgencia (riesgo inminente de vida para el individuo o para terceros) o emergencia, que imposibiliten al afectado dar su consentimiento, podrá aplicársele procedimientos sin su consentimiento o cuando su patología suponga riesgos para la salud pública. Estiman además, que si se hubiese dado cumplimiento integral a la Ley 19.529 de Salud Mental, aprobada en 2017, no se necesitaba una nueva ley.
Otras voces se han alzado anticipando el peligro de un abuso del mecanismo de internación involuntaria, por lo que proponen cuidar de preservar el derecho de las personas involucradas. Mientras tanto, ciudadanos cansados de las molestias y contextos de inseguridad que provocan los individuos sin techo apostados en zaguanes, plazas y otros espacios públicos, aspiran a que se imponga un límite a situaciones que consideran abusivas.
CALLE, SALUD MENTAL Y DROGAS
El deterioro de la calidad de vida de las personas suele comenzar mucho antes de llegar a la situación de calle. Ser despedido de su trabajo, divorciarse y quedar sin ninguna contención familiar, recibir un salario que no cubra los costos de alquiler de una vivienda o pieza, la muerte de un ser querido que proporcionaba el techo o enfermar por tiempo prolongado y no poder auto-sustentarse, pueden ser el inicio del declive económico-familiar y social que empuje a una persona a vivir en la intemperie.
En la calle viven personas con formación universitaria, que otrora tuvieron un buen pasar, pero una cascada de infortunios, malas decisiones de vida, peleas familiares o huida de un entorno violento o abusivo los dejó fuera de la contención del tejido social. De allí a la depresión hay un trecho corto y apenas un paso a la adicción al alcohol (para mitigar el frío o el dolor del alma) y luego a otras drogas. El deterioro de la salud mental en esas condiciones de vida es casi inevitable, porque es muy traumático quedar sin hogar.
Quizá sean los menos quienes padezcan afecciones médicas graves y obviamente deben ser atendidos y compensados. Pero la gran mayoría enfrentan la violencia y el trauma que supone pernoctar a la intemperie, sin contención afectiva, viviendo en la marginación, indiferencia y rechazo social. Una pastilla anti-psicótica no puede revertir una vivencia crónica de desamparo y soledad. Los sufrimientos del corazón humano no deberían “medicalizarse”. Requieren respuestas humanas cargadas del amor y contención que les ha faltado.
IGLESIA: SEGUNDA FAMILIA AL DESAMPARADO
La medicina de Dios es “hacer habitar en familia al desamparado”, como lo expresaba en la antigüedad el rey David, en Salmos 68: 5 -6. Ya lo había manifestado antes el Creador cuando dijo: “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2: 18), dando origen a la primera familia de la historia.
El asunto de hospedar y dar cobijo en las casas a los desamparados está muy enfatizado a lo largo del texto bíblico. El apóstol Pablo exhortaba a practicar la hospitalidad (Romanos 12: 13). El escritor del libro de Hebreos pedía: “No se olviden de la hospitalidad porque algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13: 2). Y el tema estará presente en el gran juicio final que enfrentará la humanidad, ya que según se nos asegura, Jesucristo reprochará a algunos en estos términos: “Anduve como forastero y no me dieron alojamiento” (Mateo 25: 43).
Pero en estos tiempos de inseguridad y violencia, ¿cómo traer bajo nuestro techo a esta población sin hogar, a riesgo de nuestra seguridad personal y familiar? Creemos que Dios está poniendo en el corazón de la Iglesia de Cristo en la actualidad, la idea de comprometerse no solo con la prédica del evangelio, sino también con amparar al desamparado, abriendo hogares de acogida para quienes no tienen donde habitar.
Cada vez más grupos cristianos abren lugares para dar amparo a quienes desean salir de la condición de calle e integrarse a una comunidad de fe donde convivir con otros individuos en igual situación, no solo recibiendo sanidad de Dios para sus almas, sino trabajando para auto-sustentarse, recuperando hábitos, aprendiendo a perdonar, perdonarse y ayudar a otros. En estas réplicas de la familia según Dios la instituyó, las experiencias son muy gratificantes y alentadoras. Ningún hospital, centro de salud o de rehabilitación puede equipararse a volver a vivir en familia. El potencial sanador y restaurador del “dispositivo” familiar es inigualable e irremplazable.
Supimos del caso de una mujer que hoy tiene 45 años. Desde los 17 años ella comenzó a drogarse a raíz de vivir en un hogar violento y disfuncional. Su personalidad entró en un proceso de franco deterioro. Se volvió depresiva y agresiva; sufría arrebatos y por momentos perdía la visión. No podía dormir por más que tomaba algunas pastillas. Le costó mucho pedir ayuda, pero un día en desesperación fue hasta las puertas del Hospital Vilardebó donde quedó internada.
Le diagnosticaron trastorno bipolar de la personalidad y la medicaron. Durante 11 años estuvo consumiendo hasta 20 pastillas a lo largo de cada día: anti-depresivos, ansiolíticos, anti-psicóticos, reguladores del humor. Su caso parecía irrecuperable. Además, contaba con el antecedente de familiares con esquizofrenia, lo cual la estigmatizaba y condenaba más aún. Cuando todo parecía sin salidas ni posibilidad de mejoría, alguien la invitó a vivir en una casa – hogar, administrada por una iglesia, donde le darían contención, afecto y podía recibir sanidad de Dios para su alma.
Como ya lo había perdido todo, accedió a ingresar. A partir del trato que allí recibió comenzó a creer en la existencia de Dios y su amor e interés en ella. El vacío que sentía en su vida comenzó a desaparecer y a encontrar propósito a su existencia. Ya no deseaba morirse. Paulatinamente, pero en sólo 6 meses los médicos fueron retirándole la medicación psiquiátrica que recibía. Ahora podía también dormirse sin pastillas.
Decidió quedarse a vivir allí, trabajando dentro de ese hogar de acogida para su subsistencia y de las compañeras de esa casa – hogar. Hoy tiene 45 años y reconoce que sus problemas no eran psiquiátricos sino emocionales y la vida en familia cristiana le aportó sanidad emocional. Hoy encara el proyecto de contraer matrimonio y formar una familia propia, dejando atrás su pasado.
Reflexionando sobre su caso, nos preguntamos ¿cuántas personas habrá hoy en situación de calle que serán tratadas como adictos y pacientes psiquiátricos, cuando en realidad son individuos afligidos en lo afectivo, emocional y espiritual, y les bastaría ser alcanzados por el amor de Dios para dar otro rumbo a sus vidas, en lugar de ser “medicalizados”?
Nos parece que éste es el nuevo reto que enfrenta la Iglesia de Cristo en estos postreros tiempos.
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

