Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Dos eventos impactaron recientemente a la afición deportiva uruguaya y trascendieron fronteras: la muerte del joven futbolista Juan Izquierdo y la despedida voluntaria del goleador máximo, Luis Suárez.
En el primer caso, se trató de un suceso dramático ocurrido a un jugador de fútbol de 27 años cuya salud entró en crisis en pleno escenario deportivo, y falleció pocos días después. Si bien no había alcanzado el cenit de la fama, a partir de este insuceso, fue catapultado al grado de ídolo deportivo. En el segundo caso, Luis Suárez, quien ha acumulado méritos suficientes en una trayectoria de muchos años. El país entero se involucró de una manera o de otra en ambos hechos, desde todos los estratos sociales.
En Uruguay, el fútbol es un fenómeno social de alto impacto económico, financiero pero también emocional para la comunidad, que genera estados emocionales muy intensos que se contagian entre simpatizantes y fanáticos. Es un deporte que suele ofrecer oportunidades de desarrollo y protagonismo a algunos individuos provenientes de los estratos sociales menos favorecidos.
Hay quienes entienden que la figura del ídolo ha existido siempre, porque la raza humana los necesitaría como un marco de referencia para sí misma. Cada época histórica ha necesitado y construido sus ídolos, desde caudillos hasta líderes militares en tiempos de guerra, o líderes políticos en tiempos de paz y de democracia.
Según la Sociología, el ídolo se construye y existe porque satisface anhelos, necesidades y hasta reivindicaciones de las sociedades o del contexto social al que pertenece ese individuo.
La elección y construcción del ídolo ha ido cambiando y en la actualidad (siglos XX y XXI) para gran parte de la población de Occidente, “los ídolos más auténticos de estos tiempos son los campeones deportivos”, que aportan inspiración, generan y canalizan emociones, hasta se constituyen en “embajadores” que dan a conocer al país fuera de fronteras como lo hicieron Maradona, Cavani, Forlán, Messi o Luis Suárez, por nombrar alguno de ellos.
FÚTBOL: ¿DEPORTE O RELIGIÓN?
Otrora, los ídolos eran parte de la religiosidad de un pueblo. Luego fueron remplazados por héroes militares, políticos y aún intelectuales, a los que la gente admiraba, se identificaba y seguía.
“La razón la encontramos en el proceso de secularización de la sociedad durante la modernidad, haciendo que el deporte se convirtiera en una especie de “religión de compensación” o “religión civil” (Giner, 1993), consiguiendo movilizar a las masas –mucho más que otros ámbitos de la vida social– de acuerdo con las creencias y el ritual afines al equipo o el campeón deportivo.”
En el fútbol, el templo es el campo deportivo, hay reglas de juego que operan como los mandamientos sagrados para los creyentes, el ídolo es ovacionado y reverenciado, se entonan cánticos como en las misas y existen premios y castigos como en cualquier creencia religiosa. En ese sentido, Magnane (1966: 21) interpreta el deporte moderno como una especie de instrumento terapéutico de parecidas dimensiones a las que ofrece la Iglesia.” El ídolo deportivo es proveedor de alegrías y tristezas a sus fans.
LA CONSTRUCCIÓN DEL ÍDOLO
Un factor curioso es que el proceso de creación del ídolo deportivo no nace solo de la ciudadanía sino que también es auspiciado por “sponsors”, capaces de exponer al máximo los talentos, popularizar y elevar al ídolo deportivo al pedestal de la opinión pública o defenestrarlo.
Así se procesa una especie de “idolatría” asociada al éxito profesional de los grandes deportistas, con el respaldo de instituciones oficiales y privadas, como las grandes marcas comerciales. Muchas empresas luego sacan partido de esa imagen creada, para vender mejor sus propios productos.
En su esencia, el fútbol, como cualquier otro deporte, no es más que una simple actividad física, de disfrute colectivo, que ha acabado convirtiéndose en un producto de mercado, además de un medio de prestigio y gran enriquecimiento para algunos.
Se ha creado un mercado en su entorno que nada tiene que ver con el ejercicio físico: miles de comentaristas deportivos que viven a expensas del desempeño de los futbolistas, productos o accesorios como camisetas, gorras y calzado deportivo y miles de productos que se publicitan asociándolos a la imagen del crak del momento. Así el ídolo se vuelve necesario y sostenido todo el tiempo que dure su rendimiento físico y mental.
¿QUÉ CARACTERIZA A UN ÍDOLO?
¿Qué se deposita sobre sus hombros? ¿Qué se valora en ellos? ¿Cómo son elegidos? ¿Qué necesidades de sus seguidores satisface? Ya en antigua Grecia los ganadores de los juegos olímpicos se inmortalizaban en estatuas.
Para alcanzar la cima de la fama el deportista ha de mostrar virtudes como una disciplina cotidiana en relación a su cuerpo, es decir entrenamiento constante, una muy fuerte motivación psicológica para perseguir su meta, alta tolerancia a la frustración y a los reveses deportivos, alimentarse y descansar apropiadamente, renunciando a placeres para mantenerse en forma y cuidar demás aspectos de su vida que puedan hacerse públicos y descalificarlo.
Se valoran también rasgos de carácter como la determinación de estar orientado hacia una meta hasta alcanzarla. Sobrellevar sus temores y decepciones. Soportar la presión de jugar teniendo a todo un estadio en contra, logrando dar vuelta un resultado adverso y sobrellevar los juicios despiadados que la prensa emite en ocasiones. También, reponerse rápido de lesiones físicas y no desmoronarse ante resultados injustos, si ello ocurre.
Luego se depositarán en él algunas fantasías o quizá realidades: ser salvador de su contexto familiar (caso Maradona), encarnar la unidad del mismo, ser humilde y muy buen compañero, solidario dentro del equipo, muy esforzado y perseverante, determinado y muy disciplinado. Es decir, el ídolo sintetizará cualidades muy valoradas en el entorno social al que representa y sus fans sentirán que las alcanzan a través de él.
Las sociedades necesitan de estas “construcciones idolátricas” para orientar los comportamientos colectivos, según explica el Profesor de Psicología Social de la Universidad de la República, Juan Fernández Romar. Pero sabemos que cada uno de estos deportistas que ubicamos en el pedestal son seres humanos falibles, mortales, que lidian con debilidades personales que en algún momento se harán patentes, como le ocurrió en su momento a Maradona y también a Luis Suárez.
El hombre de a pie de nuestras ciudades siente la necesidad de seguir a alguien, dejarse guiar o identificarse con quien encarne valores y atributos él que desea alcanzar; en suma, un salvador.
EL BECERRO DE ORO
Una historia bíblica del libro de Éxodo (cap. 32) relata lo siguiente:
“Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros; en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.
Y Aarón les dijo: Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que tenían en las orejas y los llevaron a Aarón.
Y él los tomó de sus manos y les dio forma con buril, e hizo de ellos un becerro de fundición. Y ellos dijeron: Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto. Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro.
Entonces el Señor habló a Moisés: Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. Bien pronto se han desviado del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: «Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto».
Y el Señor dijo a Moisés: He visto a este pueblo, y he aquí, es pueblo de dura cerviz.”
Surge la pregunta: si el pueblo sospechaba que su líder Moisés podría haber muerto, ¿por qué no le pidieron a Aarón que se comunicara con Dios pidiéndole un nuevo guía para seguir recibiendo instrucciones y guía divina?
Parecería que los humanos preferimos elegir nosotros a quien seguir e idolatrar, y escogemos a quienes no nos impongan muchas exigencias.
A menudo, escogemos “gigantes con pies de barro”, en quien inspirarnos para superarnos. Los ídolos deportivos nos proporcionan alegrías, emociones, pero no pueden hacerse cargo de nuestras vidas ni de nuestros destinos.
Todo ser humano tiene un potencial para la adoración. Dentro nuestro habita un espíritu que busca lo trascendente, es decir, anhela la reconexión con el único y verdadero Dios.
A menudo los ídolos humanos le roban el lugar en nuestras almas y espíritu que sólo debería ocupar Dios.
En su andar sobre la Tierra, Jesús como la encarnación del Padre, se mostró como el único ser digno de admirado, encarnando todos los valores superiores como la verdad, la sabiduría, la justicia, el amor incondicional, la humildad y capaz de proveer guía para la vida y salvación del alma de quien lo siguiera.
“Jesús anduvo haciendo bienes y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” (Hechos 10: 38)
«La gente se admiraba de sus enseñanzas, porque enseñaba como quien tiene autoridad«. (Marcos 1: 22)
“Cristo no cometió ninguna transgresión ni engañó jamás a nadie” (1 Pedro 2: 22)
¡Sigámosle a Él y no nos conformemos con ídolos con pies de barro!
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

