Por: Ps. Graciela Gares
Llegando al final de un año, es casi inevitable echar una mirada al camino recorrido. Los humanos, -creados a imagen y semejanza divina- somos los únicos seres vivos que gozamos de la facultad de reflexionar. Para cada uno de nosotros, el 2024 representó experiencias distintas. Por tanto, caben reflexiones distintas.
Cada año es como un largo peregrinaje.
En alguna medida, podemos comparar el despedir un año y aventurarnos a ingresar a otro nuevo, con la experiencia del pueblo israelita cuando dejando atrás el desierto, se aprontaba a poner sus pies en la Tierra Prometida. Es transitar desde lo conocido para adentrarnos en lo desconocido. El patriarca Moisés no los introdujo impulsados por el ímpetu y las ganas de ingresar que traían, sino que les hizo parar y reflexionar. A las puertas de entrada a la Tierra Prometida, Moisés reconvino al pueblo de Dios, instándoles a repensar sobre el camino transitado.
Hagamos un breve paralelismo:
Nada de lo vivido en el desierto había sido en vano. Y para nosotros, nada de lo vivido en el 2024 ha sido en vano; nos demos cuenta de ello o no. Aunque el desierto había sido un territorio de privaciones (ellos extrañaban la carne y las cebollas de Egipto – Números 11: 5) Moisés afirma lo siguiente:
A -En el desierto recibieron bendición
“El Señor y Dios de ustedes los ha bendecido en todo lo que han hecho; durante estos cuarenta años ha estado con ustedes (ha conocido vuestro peregrinar) y los ha cuidado en su marcha por este inmenso desierto, sin que nada les haya faltado.” (Deuteronomio 2: 7)
¿Podremos afirmar nosotros que durante el 2024 hemos sido bendecidos, que Dios ha estado con nosotros y nos ha cuidado en nuestra marcha en el transcurrir del año sin que nada nos haya faltado? Aclaremos, nada de lo que fuera imprescindible y necesario desde la perspectiva divina. ¿Qué nuevos aprendizajes alcanzamos?
B -Enfrentaron miedos y recibieron protección de peligros:
…“los hizo marchar por el grande y terrible desierto, lleno de serpientes venenosas y escorpiones…para humillarlos y ponerlos a prueba, y para bien de ustedes al fin de cuentas”. (vers. 15) Por nuestra parte, cada uno de nosotros conoce bien el desierto que atravesó a lo largo de este año 2024: falta de trabajo, enfermedad, escasez, alguna forma de violencia, divorcio, etc.; pero no solo fuimos protegidos, sino que nada de lo vivido careció de sentido: Dios estuvo con nosotros; Él lo usó para moldear nuestro carácter, volvernos humildes, en definitiva, hacernos bien.
C -Obtuvieron sucesivas victorias sobre enemigos
En el desierto, derrotaron al rey de Sehón (Deuteronomio 2), al de Bazán (Deuteronomio 3), a los madianitas (Números 31) y a otros reyes cananeos que salieron a su paso (Números 21). En cuanto a nosotros, en el 2024, Dios nos habrá hecho victoriosos sobre distintos enemigos en la experiencia personal de cada uno; quizá sobre adicciones, depresiones, ansiedades, etc. ¿Qué dificultades logramos sortear?
D -En el desierto enfrentaron privaciones
“Y aunque los hizo sufrir y pasar hambre, después los alimentó con maná… para hacerles saber que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de los labios del Señor.” (vers. 8) En el 2024, Dios nos enfrentó a necesidades para enseñarnos prioridades. Para que pudiéramos decir como Pablo: “Sé vivir humildemente y sé tener abundancia. En todo y por todo estoy enseñado así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4: 12 -13)
E -Finalmente, recibimos una advertencia y se nos recomienda gratitud.
Terminada la experiencia del desierto, y a punto de ingresar a la Tierra Prometida, recibieron una amonestación:
“No se les ocurra pensar: toda esta riqueza la hemos ganado con nuestro propio esfuerzo. Deben acordarse del Señor su Dios, ya que ha sido Él quien les ha dado las fuerzas para adquirirla.” (Deuteronomio 8: 17 – 18) La misma recomendación nos alcanza a nosotros en las postrimerías de este año. Se nos recomienda la gratitud, reconociendo todo lo significativo vivido y logrado en el año que finaliza. No hay nada que hayamos obtenido sin la mediación divina, ya que “Dios es el que en vosotros produce tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad”. (Filipenses 2: 13)
Debemos cuidarnos de la ingratitud, la cual está muy apegada (o es inherente) al corazón humano. Y con esta perspectiva positiva del año que se cierra, tendremos mayores motivos para adorar a nuestro Hacedor, imitando al salmista cuando decía:
“Bendeciré al Señor con toda mi alma, no olvidaré ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades, quien libra mi vida del sepulcro, quien me colma de amor y ternura, quien me satisface con todo lo mejor y me rejuvenece como un águila”. (Salmo 103: 2 – 5)
¡Muy bendecido año 2025!

