De la sección “Renovando el espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.
Escuche aquí el programa:
Tomado de «Las Buenas Noticias«
Una de las cosas más difíciles para los seres humanos es cambiar. Esto no quiere decir que la gente no desea cambiar. Solo observe alrededor suyo; ¿Cuánta gente conoce que está insatisfecha con algún aspecto de su vida? ¿Cuántas personas conoce usted que desean cambiar algo más sustancial en sus vidas, como tener una mejor actitud o pasar más tiempo de calidad con sus seres queridos? Aunque tengamos las mejores intenciones, el cambio nos elude. ¿Por qué? Porque cuando se trata de cambios verdaderos, positivos y duraderos, el único camino seguro hacia el éxito es Dios y su propósito para nuestras vidas. Dios quiere cambiar nuestras vidas. ¿Cómo podemos implementar esos cambios? El apóstol Pablo escribió toda una sección de la Biblia con respecto a dos elementos esenciales para lograr un cambio genuino y duradero.
Camine con cautela, fijándose donde pisa
El primer paso hacia un cambio significativo es este: tenemos que caminar con cuidado. Pablo escribe en Efesios 5:15: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios”. O, parafraseando sus palabras, “No vaguen sin rumbo; no anden a la deriva; no vayan por la vida sin ningún propósito”. Él dice que debemos caminar con un objetivo en mente. El vocablo griego usado aquí es un término usado en contabilidad para expresar precisión y un cálculo cuidadoso. Lo que quiso expresar el apóstol fue que debemos asegurarnos de caminar–vivir– con movimientos exactos y calculados.
El acto de caminar es algo común y corriente que hacemos a diario. La Escritura usa la expresión “caminar” como una metáfora de la forma en que vivimos. ¿Ha intentado alguna vez caminar o desplazarse sin rumbo fijo en la oscuridad? No es fácil, ¿verdad? Cuando uno no puede ver donde pisa, puede encontrarse con obstáculos y peligros. Ahora, piense en el mundo en que vivimos, pero en términos espirituales. Este es un mundo oscuro; en este pasaje, Pablo nos advierte que no debemos andar descuidadamente en medio de las tinieblas sino prestar atención y concentrarnos en lo que estamos haciendo.
Un poco antes, en esta misma sección, Pablo dice: “Porque ustedes antes eran oscuridad”. Antes de que Dios comience a trabajar en nosotros abriendo nuestras mentes a su verdad y su camino de vida, naturalmente tendemos a deambular en la oscuridad. Pablo completa el pensamiento en este versículo instándonos a vivir “como hijos de luz” (Efesios 5:8) Así, pues, debemos hacernos dos importantes preguntas: ¿Acaso me encuentro vagando sin rumbo, tropezando en la oscuridad? ¿O, por el contrario, estoy caminando con sabiduría, como hijo de luz? ¿Qué debemos hacer, entonces, para andar como hijos de luz? Primero que nada, infundir nuestras vidas de propósito y dirección y asegurarnos de que el propósito y la dirección de Dios se conviertan en los nuestros.
Cuando aprendemos a caminar prudentemente, nos damos cuenta de cómo se relaciona esto con nuestras acciones y hábitos diarios. Todo se reduce a cómo conducimos nuestras vidas. Proverbios 14:15 habla de este concepto y dice: “El ingenuo cree todo lo que le dicen; el prudente se fija por dónde va”.
En otras palabras, cuando usted esté listo para cambiar su vida y vivir de acuerdo a la forma que Dios desea, sometiéndose completamente a él y comenzando a vivir según sus instrucciones y leyes reveladas en la Biblia, se va a fijar muy bien adónde se dirige y donde pisa.
Dios nos dice por medio del profeta Jeremías que necesitamos encontrar nuestro rumbo en la vida y que “el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). Si nos apoyamos en nuestro propio juicio, razonamiento y lógica, terminaremos en problemas. Como resultado, muchas veces vemos que ciertos esfuerzos sinceros por cambiar simplemente fracasan porque dejan a Dios fuera del panorama. Si usted está pensando seriamente en cambiar, debe convertir a Dios en el centro y meta del proceso. ¡Tiene que creer en él y comenzar a hacer lo que dice!
El apóstol Pablo agrega un segundo requisito indispensable para llevar a cabo los cambios más importantes y esenciales en nuestra vida. En Efesios 5:16, él dice que los cristianos deben estar “aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos” (NVI). Cuando observamos el mundo que nos rodea, con todas sus dificultades, sufrimientos y tragedias, es prácticamente imposible contradecir la afirmación del apóstol “los días son malos”. Es un hecho más que comprobado que vivimos en un mundo perverso.
Pero a Pablo no le preocupa únicamente que “los días sean malos”. Él nos indica algo que debemos hacer. Cierto refrán dice “No hay tiempo mejor que el presente”, y es muy cierto.
Cuando se trata de poner en marcha los grandes cambios en la vida, no debemos aplazar el comienzo; no podemos darnos el lujo de esperar; tenemos que “aprovechar el tiempo”; pero ¿qué significa en realidad todo esto? Thayer’s Greek Lexicon (Léxico griego de Thayer) dice que el vocablo griego traducido en Efesios 5 como “aprovechar” [o “redimir”, en otras versiones de la Biblia], en este contexto puede significar también “hacer uso concienzudo y sagrado de cada oportunidad de hacer el bien”.
Este es un concepto verdaderamente asombroso. ¿Cuántas veces ha sentido usted que su tiempo se desperdició en todo tipo de proyectos que ni siquiera valieron la pena? Con frecuencia, la vida se transforma en una seguidilla de tareas innecesarias y lo único que hacemos es tachar lo ya logrado en una larga lista de “cosas por hacer”. Dios dice que tenemos que usar nuestro tiempo de manera más productiva y eficaz, invirtiéndolo en cosas espirituales. No obstante, esto no quiere decir que debemos simplemente ignorar todas las cosas normales de la vida que requieren tiempo. Vamos a la escuela, conseguimos un empleo, nos casamos y criamos hijos, nos jubilamos, esperamos que nuestra salud nos acompañe, y finalmente morimos.
Este es el patrón normal de la vida, y todas estas cosas son naturales y, por lo general, muy buenas. Pero, ¿acaso hay alguna manera de vivir normalmente y al mismo tiempo aprovechar el tiempo que tenemos? Eso es lo que Pablo está diciendo en Efesios: que podemos vivir vidas normales y aun así invertir el tiempo que tenemos en honrar sabiamente a Dios.
Dios nos exhorta a que no dejemos escapar ninguna oportunidad.
Él quiere que utilicemos nuestro tiempo para hacer grandes cambios y para crecer cada vez que se nos presente la ocasión. Cuando aprovechamos bien el tiempo, nos comprometemos a no pasar por alto los valiosos momentos que tenemos para acercarnos a Dios en oración y estudio de la Biblia. Este compromiso debe ser inalterable, lo cual significa que en ocasiones debemos sacrificar otros aspectos. Cuando cambiamos nuestros valores y nos sintonizamos con los valores de Dios, comenzamos a sacarle partido a nuestro tiempo dedicándolo al sagrado propósito de desarrollar una relación íntima con él. ¡La sola idea de hacer que cada hora cuente y de no desperdiciar ninguna oportunidad debe llenarnos de emoción!

