Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Parte 3:
En el “día mundial del medio ambiente” celebrado el pasado 5 de junio, la consigna fue acabar urgentemente con la polución ambiental, que obstruye ríos, contamina océanos y pone en peligro la vida silvestre. Los micro-plásticos se han detectado ya en humanos, en sangre, placenta y leche materna. ¡Un problema que se ha ido demasiado lejos!
La relación del ser humano con la naturaleza, en actualidad viene siendo controversial. No solo contaminamos el escenario natural, sino que nos hemos distanciado de él. Y en este artículo queremos ocuparnos del “déficit de naturaleza” que padecemos. ¿En qué consiste? Amparados en ciudades, edificios, oficinas o talleres, cada día nos exponemos mínimamente al contacto con el sol, el aire puro, la tierra y el mar.
Quizá el alejamiento de la naturaleza trajo aparejado que la usemos como vertedero o “patio del fondo”, donde depositamos lo que no nos sirve, como plásticos u otros desechos generados por el consumismo actual.
DESCONEXION DE LO NATURAL
El autor del libro “Los últimos niños en el bosque” (2020), el estadounidense Richard Louv – periodista, escritor y educador ambiental -, responsabiliza por la epidemia de obesidad infantil, trastornos por déficit de la atención y depresión en niños, a la creciente falta de conexión con la naturaleza con que crece la niñez actual.
Han quedado en el pasado actividades infantiles recreativas como trepar árboles, acampar en un jardín, ir en bicicleta a un bosque o parque, atrapar insectos o correr pisando hojas de otoño. Por ello, el escritor propone en su libro, salvar a nuestros hijos del trastorno por “déficit de naturaleza”.
Louv afirma que, en esta era digital, los niños están más familiarizados con personajes de juegos electrónicos que con la fauna y la flora de su país y la región que habitan.
Cada vez los niños de la era digital disponen de menos lugares naturales para jugar. Se ha creado una oposición entre lo urbano y lo natural, en lugar de estar integrados. Estamos criando infancias sin naturaleza y ello tendría un impacto negativo en salud física, emocional y cognitiva.
El contacto con la naturaleza ayuda al niño a comprender mejor el mundo que le rodea.
Pero la adicción a la tecnología trajo aparejada una preferencia por actividades en interiores, bloqueando en los niños el deseo innato de explorar en la naturaleza, que contribuye al desarrollo de la imaginación, la creatividad y el asombro. Estimula su curiosidad, lo que a futuro puede convertirlo en un investigador u hombre de ciencia.
También satisface la necesidad de aventura infantil. Permite investigar y conocer texturas en la corteza de los árboles e inspira el pensamiento creativo, útil para resolver problemas, mientras juega con elementos naturales como hojas o ramas, intentando construir una cabaña, u otra actividad imaginativa.
Hoy experimentamos el “tecno-estrés”, esto es la necesidad de estar conectados permanentemente a un medio electrónico y aunque no nos demos cuenta, ello apareja ansiedad y dolores de cabeza, entre otros síntomas, debido a la pasividad que supone mirar TV, pantallas u otras tecnologías de uso al interior de un recinto.
“Los niños que viven cerca de entornos naturales tienden a mostrar menos problemas de comportamiento y una mayor autoestima. La naturaleza también fomenta interacciones sociales y proporciona una soledad nutritiva vital para la reflexión personal, ofreciendo un escape necesario de las presiones sociales.”
“A medida que la sociedad moderna se desconecta cada vez más de los entornos naturales, los investigadores destacan los efectos perjudiciales en la salud mental y física.”
EL ESCENARIO ORIGINAL
Nuestros cuerpos están diseñados para vivir conectados al medio natural, no en contacto continuado con el cemento. Según el psiquiatra español Jorge de Tomas, nuestro vínculo con la naturaleza es innato y ella nos genera bienestar físico y mental. Según el Génesis bíblico, cuando Dios creó las primeras criaturas humanas las instaló en el jardín del Edén.
BIORITMOS
Nuestros ritmos son los de la naturaleza y nuestro sistema nervioso está sincronizado con ella. Nuestros cuerpos reconocen la naturaleza como su hogar y necesitan de ella para auto-regularse.
En un entorno natural se ralentiza o enlentece la vivencia del tiempo y por eso baja nuestro estrés, ritmo cardíaco y el aceleramiento observable en las ciudades contemporáneas.
El tiempo que pasamos en un medio natural favorece nuestra salud cognitiva, emocional, social y física. Residir en espacios verdes en la infancia se asocia a menores riesgos de trastornos psiquiátricos en adolescencia y adultez, según un estudio poblacional realizado en Dinamarca en 2019 (publicado en National Library of Medicine).
CONEXIÓN CON LA TIERRA
El contacto de la piel con la tierra es bueno para la salud. Abrazar un árbol y/o pisar descalzos la tierra (grounding) ayuda a despojarnos de la energía negativa -toma o cable a tierra-, que acumulamos durante el día por la radiación electromagnética y los radicales libres.
También mejora la calidad del sueño, la salud cardio-vascular y contribuye al alivio de dolores, según afirma la Dra. Isabel Belaustegui. Estimula el sistema nervioso para-simpático, ayudando a pasar del estado de alerta alde relajación. Contribuye a regular el cortisol y el control de la tensión arterial. Mejora la circulación sanguínea y linfática. Mujeres que practican a menudo “grounding” disminuyen sus dolores premenstruales.
EXPOSICIÓN AL SOL
Se ha demonizado mucho en las últimas décadas la exposición al sol y la industria de protectores solares se ha beneficiado mucho al respecto. Pero es necesario derribar mitos.
Prácticamente toda forma de vida sobre el planeta Tierra depende de la luz solar. El Creador lo sabe y por ello hace salir su sol sobre malos y buenos, según afirma la sagrada escritura (Mateo 5: 45). Obviamente, la exposición desmedida y sin criterio puede causar daño, como ocurre con el agua en caso de inundaciones o el fuego en caso de incendio.
La exposición matutina al sol resetea nuestro reloj biológico interno, ajustándolo (sincronizarlo) al ritmo circadiano. Contribuye así a combatir el insomnio.
Además, estimula la producción de vitamina D, necesaria para absorber calcio y fortalecer los huesos. También fortalece el sistema inmune, aumentando las células inmunitarias y es un eficaz antidepresivo pues mejora el estado anímico, elevando la serotonina.
SECRETOS NATURALES
Los árboles cuanto más viejos, segregan habitualmente aceites naturales o esencias, para protegerse de hongos, bacterias e insectos, y el aire del bosque está lleno de tales aceites llamados fitoncidas, que son buenos antioxidantes, que en nuestro cuerpo aumentan la producción de células inmunes que luchan contra el cáncer, las inflamaciones y con acción neuro-protectora.
Los colores que predominan en la naturaleza, el verde y el azul, también tienen un efecto benéfico en nuestro organismo. Son los que más nos descansan al emitir determinado tipo de onda electromagnética que afecta positivamente nuestro cerebro.
En un estudio se vio que la exposición al color azul favorecía el descenso de la presión arterial sanguínea y la frecuencia respiratoria.
TERAPIA O BAÑOS DE BOSQUE
Necesitamos periódicamente darnos un baño de bosque, despojados del reloj y de cualquier dispositivo electrónico.
El concepto “baños de bosque” o “shinri-yoku” es originario de Japón; una práctica terapéutica que se está popularizando en todo el mundo.
Refiere a que la inmersión en el verde, que favorece la baja del estrés, fortalece el sistema inmune, mejora del estado de ánimo y la capacidad cognitiva. La naturaleza ofrece experiencias sensoriales infinitas (oler, oír, tocar) que potencian nuestra creatividad. Pasar 2 o 3 horas en un ambiente natural forestado conectándonos sensorialmente con ese escenario mejora nuestra salud integralmente. ¡Menos ansiolíticos, antidepresivos e inductores del sueño y más contacto con la naturaleza! ¡Menos ritalina en niños!!
NATURALEZA: UN ESPACIO PARA REFLEXIONAR
La naturaleza es el escenario propio del ser humano, que invita a la contemplación, la meditación y la adoración al Creador, pues la Tierra cuenta la obra de Sus manos. La inmensidad del mar es reflejo de la grandeza del Creador, una semilla que germina en la tierra habla de Dios como generador de vida. La diversidad de plantas, flores y especies animales lo muestran como Creador por excelencia.
La Biblia afirma que Dios no se ha dejado sin testimonio, sino que “por medio de lo que Dios ha creado, todos podemos conocerlo y también podemos ver su poder.” (Romanos 1: 20) “Los cielos cuentan la gloria de Dios”, afirmaba el salmista (Salmos 19: 1). “Maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien”. (Salmo 139: 14)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

