Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
La llamada “Velada del año”, anunciada recientemente en redes sociales, no era una celebración o festejo, sino una convocatoria a una pelea callejera multitudinaria entre estudiantes adolescentes. El fenómeno de las pandillas estudiantiles ha ido cobrando fuerza en Uruguay.
¿Cómo se organizan?
La convocatoria llega a chicos y chicas mediante Instagram o Tik Tok, para reunirse en esquinas, plazas, parques o boliches, y luego organizar peleas. Intercambian miradas desafiantes con quien se les cruce y buscan medir fuerzas con otros grupos. Consumen alcohol, fuman, portan armas caseras (cuchillos artesanales) y a veces armas de fuego robadas o compradas clandestinamente. Algunos se jactan de pelear a mano limpia o arrojando cascotes. De los enfrentamientos han resultado jóvenes heridos, lo que genera revanchas y venganzas entre las bandas.
¿Quiénes las integran?
Hay controversias. No sólo chicas/os de contextos pobres, marginales, de núcleos familiares muy precarios, carentes de trabajo y sustento digno. También, hay adolescentes no marginados, de cualquier contexto social. Tienen en común rasgos personales como una identidad personal débil o floja, baja autoestima, frustraciones, ausencia de un proyecto vital o metas inexistentes. Aún no lograron construir su respuesta a la pregunta existencial: ¿quién soy? Asimismo, pueden estar subyacentes causales familiares, por ejemplo, hogares incompletos, ausencia de padre o un contexto familiar conflictivo, que no les brinde suficiente contención. Tal vez, tienen padres presentes pero que no constituyen un referente sólido para sus hijos, ya que trabajan mucho y los menores pasan demasiado tiempo solos, pendientes de internet o en la calle. Abrigan un vacío de valores que les lleva a despreciar la vida ajena y la propia también. A nivel social, ellos perciben ausencia de oportunidades para su desarrollo.
Los objetivos
Persiguen alcanzar la protección del grupo, camaradería, supervivencia en entornos difíciles, identidad y sentido de pertenencia. A menudo, les inquieta hacerse respetar, ya que no se perciben respetados por sus pares y comunidades. Se sienten invisibilizados socialmente. No tienen nada qué hacer en los tiempos libres; en suma, existencias sin sentido.
La motivación
Les impulsa su inmadurez emocional. Exhiben un pobre control de impulsos y un rápido pasaje de la emoción a la acción. Con solo mirar a otro que no pertenece a su barra, a su barrio, tribu o a su club de fútbol, lo desconocen como un igual a ellos y lo agreden sin piedad. Su identidad personal es tan vulnerable, que se sienten tremendamente inseguros y desafiados ante cualquiera que actúe distinto a ellos. Basta que dos bandas se crucen para que estalle el enfrentamiento. Algunas agresiones son brutales. Y no satisfechos con ese derroche de violencia, suben a las redes sociales las imágenes de las golpizas. Un psicólogo de nuestro medio advertía que estos chicos padecen “hambre de reconocimiento social”. Desean demostrar dominio en su barrio o en el centro educativo al que concurren. La presión del grupo moldea sus conductas. Carecen de habilidades sociales para resolver conflictos; no saben dialogar. Muestran rebelión contra figuras de autoridad. Algunos pueden, ocasionalmente, perseguir objetivos materiales como el robo de celulares o camperas.
Espejos de una sociedad violenta
Estos adolescentes ponen de manifiesto una faceta más de la violencia que atraviesa a nuestras sociedades y se expresa tanto en el deporte, como en ámbitos educativos (bullying), laborales (mobbing) o en el tránsito. Reflejan la crisis de valores de nuestras familias y de nuestras sociedades, que no integran fácilmente a las nuevas generaciones a la vida comunitaria y cultural. Un sector de nuestros jóvenes viene creciendo sin un proyecto de vida trascendente, que apunte más allá del éxito material. Hay familias que no brindan la contención y escucha necesarias, aunque sí quizá no falte lo material. Hay abundancia de modelos violentos de resolución de problemas en el entorno familiar y barrial.
Responsabilidad colectiva
Si los centros educativos –escuelas, liceos, Utu-, o las iglesias no logran llenar a tiempo esos vacíos de proyectos de vida y de referentes a imitar, sus adolescencias serán turbulentas. Si a esta altura nos estamos preguntando por qué los padres de estos adolescentes les permiten participar en tales prácticas, debemos tener en cuenta que muchos papás ni se imaginan que sus hijos son parte de estas pandillas. Un papá cristiano se enteró tardíamente de ello con asombro y estupor. Su hijo decía ir a casa de un amigo pero iba a reunirse con una pandilla que se auto-convocaba mediante whatsapp. En este caso, no se trataba de un hogar notoriamente disfuncional, aunque enfrentaban ciertas conflictivas. En lo personal, el hijo había vivido una experiencia límite a causa del Covid años atrás, lo cual afectó su proyecto de vida y a posteriori tuvo una frustración grande en el campo vocacional. Con su vida sin rumbo y las experiencias traumáticas sin procesar, quizá encontró en esos grupos una posible válvula de escape para canalizar sus frustraciones.
¿Cómo protegerles?
La cercanía emocional y comunicacional con los hijos sigue siendo el mejor paraguas protector, a la vez que el termómetro que avisa cuando ellos están en problemas. Ayudarles a través del diálogo a descubrir y construir su identidad.
Que sepan quiénes son y por qué son valiosos, cuáles son sus virtudes y defectos; reconocerles su potencial y aquellos logros que nos enorgullecen.
Educarles en un clima familiar no violento, propicio para hablar de todo aquello que les preocupe o les resulte difícil de resolver.
Compartirles nuestras victorias pero también nuestras derrotas y cómo las enfrentamos, para que tomen ejemplo para encarar sus frustraciones.
Que conozcan que cuentan con la ayuda de Dios a su favor para protegerles de aquello que les genere temor. En suma, compartirles nuestra fe y guiarles a conocer a Dios como su Creador y Padre. Las necesidades de identidad, pertenencia, valor personal y propósito de vida de un adolescente quedarán satisfechas si reconoce que fue creado a imagen y semejanza del Padre Celestial que le ama incondicionalmente, que pertenece a una familia terrenal (quizá no perfecta), que su vida vale tanto que Cristo dio la suya por él, y que su propósito vital más elevado es amar y servir a Dios y al prójimo a través de cualquier profesión digna.
Dios marca claramente la responsabilidad paternal en encauzar la conducta de los hijos jóvenes. Con relación al patriarca Abraham, el Señor dijo: “Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto.” (Génesis 18: 19)
Pero una historia muy distinta registra la Biblia con relación a Elí: “Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. (1 Samuel 2: 12) Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del Tabernáculo de Reunión. Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. (1 Samuel 2: 22 – 24). Pero ellos no oyeron la voz de su padre. (25) Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. (30)
Dios parece atribuirle a Elí permisibilidad y falta de límites en la crianza de sus hijos. Los reprendía con palabras, pero no consta que los disciplinó.
“La necedad es parte del corazón del muchacho, pero la vara de la disciplina hará que se corrija.” (Proverbios 22: 15)
“La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.” (Proverbios 29: 15)
“Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma.” (17)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

