Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Así se denomina la campaña impulsada por ONU Mujeres, UNICEF y el Instituto Nacional de la Mujer de Uruguay (Inmujeres), con el apoyo de otros organismos internacionales, buscando revertir cifras crecientes de delitos intrafamiliares violentos contra mujeres y niños (violencia vicaria).
Los promotores de esta iniciativa creen que la violencia es fruto de una educación infantil desigual, con “estereotipos de género” que habilitan permisos diferentes en la crianza de varones y mujeres.
Hacen alusión a frases como: los varones no lloran ni juegan con muñecas; las niñas no juegan bruto, no se trepan a los árboles y tienen que estar siempre prolijas.
Sostienen, además, que se perpetúan los mandatos estereotipados cuando se le regala una pelota al varón y un juego de té a la niña.
La directora de Inmujeres, Mónica Xavier, en la ceremonia de presentación de la campaña expresó: “Todos somos partes de una cultura patriarcal, en la que nos hemos criado, y se trata de reconocer que hay un cambio imprescindible que todos tenemos que hacer”.
Coincidencias y discrepancias
Estamos completamente de acuerdo con algunos slogans de esta campaña, por ejemplo: “Cambiar el mundo empieza en casa” y “Tenemos la responsabilidad histórica de criar diferente”.
También coincidimos en que hay que enseñarle al niño a reconocer y expresar sus emociones: los hombres sí lloran.
Entendemos que la educación cultural permeada por el machismo, donde la superioridad masculina ha hecho uso de la mayor fuerza física para obtener privilegios y sojuzgar a la mujer, ha sido absolutamente nefasta para la familia humana sobre el planeta Tierra.
En cuanto a la crianza de los hijos, entendemos que la misma debe ser equitativa en cuanto a proporcionarles igualdad de oportunidades de desarrollo personal, tanto a niñas como a niños. Pero ello no supone dejar de lado prepararlos para que a futuro asuman roles distintos, femenino o masculino.
Todo varón pequeño debe ser preparado para convertir en hombre, con las demandas que ello implica, y asimismo las niñas para convertirse en mujeres adultas, entrenadas para asumir su rol familiar y social.
No creemos que una crianza, donde no se explique lo que socialmente se espera de un varón o de una mujer, sea la solución definitiva a la llamada “violencia de género”.
La criatura a la que no se le plantea lo que se espera de su conducta, crecerá desorientada/o, porque la naturaleza humana necesita guía y orientación. Por ello Dios indica “instruye al niño en su camino” (Proverbios 22: 6) y ha dado leyes y mandamientos para el ser humano, que deben trasmitirse de padres a hijos a lo largo de toda la infancia.
“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6: 6)
Además, deben ser instruidos y disciplinados para que aprendan que toda acción tiene consecuencias.
Muchos padres han temido afirmar su autoridad sobre sus hijos, argumentando que todo límite les generaría un trauma.
¡Y cuántas veces la fuerza policial de un país debe intervenir para poner en vereda a un joven criado sin límites, sin que nadie le dijera qué es lo que la sociedad espera de su conducta!
El mal está en el corazón del hombre desde que nace, nos enseña el Creador en el texto bíblico. “Engañoso es el corazón y perverso” (Jeremías 17: 9).
Aprendizaje de roles
¿Cuál es el rol del varón? ¿Qué es la hombría? ¿Cuál el rol femenino? No son indistintos, aunque la cultura actual pretenda plantearlo así.
Varones y mujeres fuimos creados a semejanza de Dios. El Creador compartió de sus atributos con sus criaturas. Al varón le dotó de mayor fuerza física y un pensamiento lineal y práctico, encomendándole liderar, proteger, amparar y asumir riesgos en bien de otros.
Por tanto, no está mal que durante la infancia el varón se entrene en juegos que le preparen para el rol para el cual está física y psíquicamente dotado. La hormona masculina, testosterona, no le fue dada, sin dudas, para jugar a vestir muñecas.
Está bien que desarrolle su fuerza física en deportes que la potencien, pero también que la dirija a defender y proteger a sus hermanas o a otras chicas, tener gestos de caballerosidad, respeto y que se oriente a aprender liderazgo.
El machismo degeneró el propósito y sentido de la hombría humana, habilitando el uso de la fuerza varonil para dominar, agredir y abusar. ¡Nada más lejos del diseño original del Creador!
A las mujeres Dios les compartió la ternura de su corazón, la capacidad de gestar vida, cuidar, consolar, nutrir. ¡El mundo necesita de la ternura y el cuidado femeninos! Nada de malo con que una mujer juegue al fútbol. Pero no olvidemos que hay desempeños que sólo las mujeres pueden cumplir en exclusiva (embarazarse, amamantar) y otros que nadie los haría con la misma eficacia (cuidar de otros, por ejemplo). Entonces, está bien que en la infancia la niña se prepare mediante el juego, para el desempeño de aquellos roles para los que la naturaleza y la biología la han dotado particularmente.
Emociones y sentimientos
Sí, los hombres también lloran porque tienen corazón y sentimientos. Jesús lloró (Juan 11: 35).
Pero también deben aprender en la infancia a ganar y también perder. Los hombres que se vuelven violentos no han aprendido a tolerar la frustración de la separación o de la infidelidad, y por ello agreden a sus ex parejas.
Hace falta incorporar la educación emocional en las esferas familiar y educativa formal, para que aprendamos desde la infancia a controlar nuestros impulsos, y expresarlos sin violencias.
Clima intra-familiar
Hablemos de temas omitidos en esta campaña “Bien-criados” de ONU Uruguay.
Para nada se menciona la descomposición familiar que constituye una violencia hacia los hijos/as.
Se aboga por vínculos familiares sanos y equitativos, pero no se menciona el conflicto que representa para los hijos el divorcio o la separación de los padres o que alguno de ellos le sea infiel al otro. Las enemistades fuertes entre los progenitores promueven la rebeldía y violencia en las criaturas que son fruto de esa relación.
El respeto a la mujer en el hogar, -comenzando por el esposo-, se hará extensivo luego a los hijos, ya que ellos aprenden observando. No permitir que el hijo le falte el respeto a la madre ni hermanas en el hogar, pero fundamentalmente, que el esposo sea también respetuoso y atento con su esposa.
Violencia digital
Otro “debe” de la campaña “bien-criados”, consiste en no proponer limitar el acceso de niños y niñas a las redes sociales, donde los menores pasan la mayor parte de su tiempo de ocio y reciben mensajes de misoginia (odio a la mujer) e incitación a la violencia o ciberbullying. En el mundo digital es fácil agredir sin dar la cara.
Es necesario que los gobiernos intervengan estos espacios de intercambio actuales, dando batalla contra los incitantes a la violencia en ese medio. Mientras tanto, no es constructivo que los menores de 18 años estén expuestos cotidianamente a mensajes de odio en la esfera digital.
Valores
La conducta siempre es resultado de una escala de valores, que deben sembrar los padres y educadores en la mente de niños y niñas.
Es muy fantasioso pretender cambiar la sociedad sin pensar en ello.
¿Y cuál sería la fuente por excelencia en cuanto a valores para la vida? Pues, la Biblia.
“Toda Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien.” (2 Timoteo 3: 16)
Existe controversia en cuanto a la pertinencia de la enseñanza bíblica en las escuelas, si viola o no la laicidad de la educación pública.
Pero La Biblia puede enseñarse como un texto histórico de referencia para la humanidad. Se dice que el Derecho Público romano se impregnó de los valores judeo-cristianos: el valor intrínseco de la vida humana, la prohibición de matar o la igualdad de todas las personas ante Dios.
Ante el desborde de violencia en distintas sociedades en la actualidad, gobiernos como el de D. Trump (EE.UU.) y Nayib Bukele (El Salvador) han mirado hacia la enseñanza bíblica en las escuelas, como la herramienta para restablecer el orden moral en sus países, donde la corrupción, el narcotráfico y otras formas de delincuencia y violencia han degradado al extremo la convivencia ciudadana.
Ojalá nuestro país, Uruguay, no demore mucho en darse cuenta de la necesidad de apelar al recurso de la moral cristiana, antes que la violencia extrema y el caos social nos arrebaten la seguridad y la paz por completo.
Jesús: ¡el varón perfecto!
Y previo a esta nueva Navidad, nos place referirnos al Príncipe de Paz. Cristo, el varón perfecto, nacido en Belén fue educado en familia desde su infancia en la Ley de Dios.
María y José le enseñaron a amar tanto los mandatos del Creador, convirtiéndose en un niño fuerte y sabio. (Lucas 2: 40)
Asistía voluntariamente a la sinagoga judía donde podían enseñarle más (Lucas 4: 16). Se convirtió en un varón no violento, y se definió como manso y humilde, llamado “Príncipe de Paz” desde antes de nacer.
“Cristo vino a traer buenas noticias de paz a todos” (Efesios 2: 17). ¡Gloria a Dios por ello! ¡Y FELIZ NAVIDAD para todos!!!
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

