Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
A lo largo de los tiempos, muchos revolucionarios se han apropiado de los principios superiores del cristianismo, como la justicia, la solidaridad con el pobre y el perdón, y los han integrado a su ideario, obteniendo así un rédito personal.
Comencemos el análisis diciendo que el ser humano necesita tener un líder a quien seguir y las sociedades de todas las épocas han generado sus propios líderes.
Recientemente falleció en Uruguay el político y ex Presidente José “Pepe” Mujica, y aún resuena la magnitud de la despedida que le dio gran parte del pueblo uruguayo.
La congoja por su partida también se observó en distintos países de la región y del mundo.
En Uruguay, nadie podría negar con fundamento que se trataba de una figura pública muy relevante. Por ello, se decretaron 3 días de duelo nacional. La cantidad de gente que desfiló ante su féretro para homenajearlo fue impactante, aguardando de pie por largas horas.
Su pasado guerrillero le había condenado a muchos años de cárcel, pero luego de recuperar la libertad reconoció errores, dejó la lucha armada y fue electo Presidente de la República.
Mujica enarboló la bandera de la justicia social y abogó por oportunidades para los más pobres.
Pero no olvidemos que también legalizó el aborto, la marihuana y el matrimonio entre personas de igual sexo.
Fue muy recordado su discurso en la ONU (casi un sermón laico), donde habló de la tolerancia para lograr una convivencia pacífica, -aunque su estilo era muy confrontativo y beligerante-, resaltó el valor de la vida y expresó que no vivía para cobrar cuentas.
Proclamó a América Latina como una patria común, reclamó un mundo sin fronteras, defendiendo la naturaleza (Amazonia, ríos, mares). Cuestionó asimismo, la acumulación de riqueza, la civilización del despilfarro, el consumismo y la ambición humana, entre otros temas.
Su estilo de vida trascendió fronteras, al ser catalogado como el “Jefe de Estado más pobre del mundo”, por su austeridad y su opción de donar buena parte de su salario para proyectos sociales. En cuanto a su patrimonio personal no era pobre, pero renunció a una vida de lujos que consideraba superflua. Evitó vivir en la casa presidencial mientras ejerció la jefatura del Estado.
Algunas de sus frases se volvieron célebres:
“Aprendí que si no puedes ser feliz con pocas cosas, no vas a ser feliz con muchas cosas. Pobres no son los que tienen poco. Son los que quieren mucho. Yo no vivo con pobreza, vivo con austeridad, con renunciamiento. Preciso poco para vivir.
No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje; vivo con lo justo para que las cosas no me roben la libertad.
La felicidad no es tener cosas sino darle un sentido a la vida.
Los enemigos de la vida son los miedos que llevamos dentro.
No se cansen de ser buenos, aunque ser bueno no sirve para mucho. Sirve para no arrepentirse con uno mismo.”
En este punto de su biografía nos preguntamos:
¿Qué hay detrás de las frases célebres de este pensador revolucionario? ¿Son enteramente de su propia cosecha o inspiradas en principios superiores? ¿De dónde se nutrió para concebirlas?
Era un gran lector; además, sin dudas el tiempo en prisión le brindó ocasión para reflexionar largamente sobre temas existenciales.
Pero poco se divulga que Mujica era hijo de madre católica. Por ello, en algún período de su existencia manifestó creer en Dios y hasta fue monaguillo en la iglesia a la cual adhería su madre. Siendo mayor, confesó que había decidido no creer que existiera Dios. Escogió creer que veníamos de la nada y nos dirigíamos hacia la nada. Acabó definiéndose como panteísta (creyendo en un dios que es el mundo mismo, la naturaleza) y negando la existencia del Creador como persona.
No obstante este giro, es imposible no reconocer que estuvo expuesto a la doctrina del cristianismo en su infancia y que ello inevitablemente aportó a la conformación de su filosofía revolucionaria. No tenemos conocimiento que él lo haya reconocido.
Bien sabemos que lo aprendido en la infancia no se olvida, como lo afirma la Biblia: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él”. (Proverbios 22: 6)
Originariamente, la opción por los pobres, la condena del materialismo o el culto al dinero y la importancia de la justicia entre los hombres, fueron predicamentos centrales en la enseñanza de Jesús sobre esta Tierra.
¿Acaso el perdón, el amor al prójimo como a uno mismo y el anhelo de justicia en el mundo pueden brotar del alma del hombre sin Dios? ¡No! ¡Esos son axiomas propios de la Ley divina, tanto la traída por Moisés como de las enseñanzas de Cristo!
La Biblia afirma que del corazón humano no sale nada bueno, sino malos pensamientos, envidia, avaricia, engaños, maldad, necedad. Y de hecho, es de necios negar la existencia de Dios, según lo afirma en Salmos 14: 1.
Del corazón de Mujica en ciertos momentos de su vida salió robar, secuestrar y matar inclusive a gente inocente. Se mostró como defensor de los pobres pero no se opuso en su gobierno a la aprobación del asesinato de inocentes en el vientre materno (Ley de “interrupción del embarazo”).
En el caso del extinto José Mujica nos inclinamos a pensar que pudo haberse enamorado en su infancia de los ideales cristianos de justicia, solidaridad con el pobre y renuncia a lo material, encarnados en el mensaje bíblico, intentando luego implementarlos en la sociedad, primero a través de la lucha armada y luego mediante discursos y enseñanzas, inspirados en alguna medida en el discurso de Jesús, sin que él lo admitiera.
Sabemos que la Biblia tiene múltiples referencias a la pobreza, instando a cada uno a ocuparse del prójimo en necesidad.
Dios dijo: “Siempre habrá gente pobre en la tierra. Por tanto, te mando que seas generoso con tus hermanos y con los pobres y necesitados de tu tierra”. (Deuteronomio 15: 11)
La justicia, asimismo, es un atributo divino. “Pues el Señor ama la justicia”. (Salmos 37: 28) “Dios ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de la misericordia del Señor.” (Salmos 33: 5)
Y en cuanto al materialismo, fue Jesús quien afirmó tajantemente en Lucas 12: 15: “Cuídense ustedes de la avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”
Si Mujica se inspiró en valores del cristianismo para construir su filosofía de vida, nos hubiera gustado que atribuyera la autoría a Dios y dándole la gloria que le corresponde.
De Jesús se dijo: “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (Juan 7: 45) y muchos se han inspirado en los valores divinos que Él proclamó.
El discurso cuasi-cristiano de Mujica nos trae a la mente la influencia religiosa que también permeó el pensamiento de otros líderes revolucionarios como lo fueron Nelson Mandela y el propio José Artigas.
De Mandela y su trasfondo cristiano nos ocupamos tiempo atrás en otra columna, donde señalábamos que su madre se había convertido al cristianismo y Mandela relataba lo siguiente:
“La religión era parte de la trama de la vida; yo asistía a la iglesia todos los domingos. Habiendo cursado estudios en la Universidad de Fort Hare, fundada por misioneros escoceses.
“Se nos exhortaba a obedecer a Dios.” “Me volví miembro de la Asociación de Estudiantes Cristianos y enseñaba clases bíblicas los domingos en los pueblos vecinos”. Así daba cuenta de su activismo cristiano antes de transformarse en un revolucionario social.
Luego Nelson Mandela se apartaría de la militancia cristiana desconforme con la pasividad y la no resistencia de las iglesias cristianas ante las injusticias del apartheid en Sud-áfrica, pero la semilla de los valores de Dios ya estaba sembrada en su corazón y sin dudas permeó su lucha por la liberación de su raza.
Y podríamos añadir a otro revolucionario que nos es muy cercano: nuestro prócer José Gervasio Artigas, llamado en Uruguay “el Padre de la Patria”.
Artigas aprendió sus primeras letras en un colegio católico (Padres Franciscanos) y habría mantenido una cercanía con la iglesia a lo largo de su vida. Se documenta que leía con frecuencia la Biblia.
No cabe duda que su fe religiosa impregnó su ideario, tanto en las llamadas Instrucciones del año XIII, como en el Reglamento de Tierras de 1815, donde estableció que los más infelices serían los más privilegiados. Se preocupó por los pobres, los indios y los negros que sufrían discriminación social en su época.
Pero a diferencia de revolucionarios como Mujica, Artigas no ocultó la fuente de inspiración bíblica. De hecho, Artigas dijo:
“Acordaos de aquel famoso pasaje de las Sagradas Escrituras, en que se dice que Moisés y Aarón libraron al pueblo de Israel de la tiranía de Faraón; así yo, siguiendo ese apreciable ejemplo, he tomado mis medidas para el mismo fin”.
Allí reconoce haberse inspirado en el texto bíblico para protagonizar el conocido “Éxodo del Pueblo Oriental”, en 1811.
Por ello pensamos que los principios divinos han inspirado a muchos revolucionarios, aunque pocos lo reconozcan.
Valores como la justicia, la ayuda al pobre y el perdón a los enemigos, tienen origen innegablemente divino, habiendo permeado nuestra cultura judeo-cristiana. A menudo, seguirán siendo invocados para emprender revoluciones, dado que encarnan los ideales más altos que el ser humano pueda apetecer sobre la Tierra.
Pero corresponde darle la gloria a Dios por sembrar en mentes y corazones de hombres pecadores, la excelencia de sus atributos divinos.
Y los cristianos nos unimos al salmista antiguo para pedir: “Den a Dios la gloria debida a Su nombre.” (Salmos 29: 2)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

