Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Parte 3:
Desde hace décadas viene creciendo a nivel mundial el interés por las llamadas “zonas azules” del planeta, donde sus habitantes no solo atraen la atención por su longevidad, sino por su calidad de vida pasado el centenar de años. Allí residen individuos muy longevos que gozan de buena salud, y llegan a morir naturalmente (acostarse y no despertar), sin que medie una enfermedad.
Algunos detractores pretenden desmentir la existencia de estas áreas de longevidad, atribuyendo la información periodística al trabajo de marketing o errores de registros en las edades de nacimiento, pero los testimonios que siguen aportando los investigadores no dejan lugar a dudas respecto a cursos vitales prolongados (100 años y más) en condiciones activas, como ver a personas muy ancianas subiéndose a un caballo o montando bicicletas, cocinando para sí mismos y sus familias o cultivando la tierra. Se sospecha que poseen una genética privilegiada, pero sabemos que con ello no alcanza. Hay que “ayudarla” con estilos de vida saludables, valores, espiritualidad.
El periodista Dan Buettner ha escrito el libro best seller “El secreto de las zonas azules” (2016), donde explica lo que ocurre en Okinawa, (Japón), Icaria, (Grecia), Cerdeña, (Italia), Loma Linda, (California) y la península de Nicoya, (Costa Rica), donde residen muchas personas centenarias. Si bien algunos habitantes de esas zonas presentan algún quebranto en su salud, los índices de cáncer, obesidad y enfermedades del corazón son bajos, respecto a la media de la población del planeta.
En base al libro, Neflix creó el documental “Vivir 100 años: los secretos de las zonas azules”.
“No tengo intenciones de morir. La vida es una gran cosa”: expresaba un hombre griego de 101 años. Otro individuo de la misma edad y procedencia decía: “La vida es hermosa; hay que disfrutarla.” Una abuela de 108, del Cáucaso ruso contaba: “no exijo mucho de la vida. Tampoco quiero morirme; quiero vivir un poco más”.
¿Qué los diferencia de otros grupos humanos? ¿Por qué no se cansan de vivir y encuentran motivación para no querer morir aún con el desgaste de una larga existencia? ¿En qué se fundamenta su amor a la vida? ¿Cómo lo han conseguido? Mientras tanto, un panorama absolutamente distinto se observa en variados puntos del mundo occidental en cuanto al valor de la longevidad. ¿Bendición o maldición?
Bajo el nombre de suicidio médicamente asistido, 10 países ya han legalizado o despenalizado dar muerte a ciudadanos que así lo demanden: Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Colombia, Canadá, España, Nueva Zelanda, Portugal y Ecuador. La legalización de esta práctica elevó drásticamente su uso, pasando por ejemplo en Canadá, de 1.018 suicidios en el 2016 a más de 15.000 en 2023 (dato Wikipedia).
Asimismo, en Estados Unidos, el suicidio asistido por médicos es legal en once jurisdicciones: California, Colorado, Distrito de Columbia, Hawai, Montana Maine, Nueva Jersey, Nuevo Médico, Oregón, Vermont y Washington. En Suiza por su parte, la eutanasia es ilegal pero el suicidio asistido por médicos está permitido. En este país se verifica el llamado “Turismo de suicidio” que consiste en recibir a extranjeros provenientes de países donde esta práctica está prohibida, que viajan a Suiza para concretar el deseo de poner fin anticipado a sus vidas mediante suicidio con asistencia médica.
En Uruguay, en breve vuelve al Parlamento el proyecto que versa sobre el “derecho” a auto-eliminarse, referido como “muerte digna o piadosa”. Consiste en la actitud deliberada de dar fin a la vida de una persona a expreso pedido de la misma. Suele tener como motivación un sufrimiento insoportable, cuando la medicina ya no sabe curar, revertir ni aliviar enfermedades malignas, esclerosis múltiple, demencias, Parkinson, entre otras.
La tendencia a nivel internacional es habilitar el suicidio como un “derecho humano” más, para lo cual no sería necesaria una motivación específica, por ejemplo, cuando existe pérdida de motivación para la vida, de origen espiritual. Es sabido que todo ser vivo aspira a mantenerse con vida y aún cada célula de nuestros órganos pelea por ello. Surge entonces la pregunta: ¿a qué obedece este desprecio del don de la vida? Aborto y eutanasia son muestras de la cultura de la muerte.
¿Por qué mientras algunos piensan en adelantar el final de su existencia (aún en ocasiones sin estar enfermos de gravedad, ni en pobreza extrema) otros apuestan y gozan cada día de una vida prolongada y no desean morir? Cada persona es artífice de su longevidad; cada uno crea las condiciones para una vida larga o corta. ¿Será que la cultura actual quita las ganas de vivir y luego nos ofrece como salida piadosa la eutanasia o ayuda para matarnos?
La Biblia afirma que la vida prolongada es una bendición que otorga el Creador. Por tanto, matarse no puede catalogarse como un “derecho”, sino que sería contender con el Creador del don de la vida.
Repasemos historia antigua:
Moisés, el único profeta con quien el Señor habló cara a cara, “murió a los 120 años de edad, habiendo conservado hasta su muerte buena vista y buena salud”. (Deuteronomio 34: 7 y 10).
Abraham, amigo de Dios, “murió de muerte natural, cuando ya era muy anciano”. (Génesis 25: 7)
David, el hombre conforme al corazón de Dios “murió en tranquila vejez, cargado de años, riquezas y honores. (1 Crónicas 29: 28)
El texto bíblico a menudo relaciona la extensión de la vida a la obediencia a los mandatos divinos:
Proverbios 3: 1 – 2 No olvides mis enseñanzas, hijo mío; guarda en tu memoria mis mandamientos, y tendrás una vida larga y llena de felicidad.
Proverbios 10: 27 “El honrar al Señor alarga la vida, pero a los malvados se les acorta”.
“Honra a tu padre y a tu madre … para que seas feliz y vivas una larga vida sobre la tierra.” (Efesios 6: 3)
Deuteronomio 5: 33 “Sigan el camino que el Señor su Dios les ha señalado, para que les vaya bien y vivan muchos años en la tierra que Él les va a dar en posesión.”
Biólogos que investigaron la vida en las “zonas azules” expusieron estos secretos:
- Viven en zonas menos contaminadas
- Existencia simple, en contacto continuo con la naturaleza
- Alimentación natural ancestral, alta en fibras e incluyendo carnes. Auto-cultivo, sin químicos. Comen con moderación, en familia y con amigos.
- Espiritualidad activa: muchos amanecen agradeciendo a Dios por la vida que les otorga.
- Fuerte conexión social y lazos familiares. Practican la ayuda mutua. Ausencia de soledad como antídoto contra la depresión.
- Apego y gusto por el trabajo: aún hasta los 90 años desarrollan tareas de campo, apoyados en su bastón. Las mujeres hasta los 100 años trabajan en el telar.
- Buen humor, cantan, bailan.
- Mantienen bajos niveles de estrés. Saben relajarse. Vida apacible y pausada, sin estar pendientes del reloj. Ausencia de consumismo.
- Alto número de hijos, nietos, bisnietos, tataranietos.
- Hacen deportes, nadan. Prefieren caminar antes que desplazarse en vehículos.
- Ajustan el sueño al “reloj biológico” yéndose a dormir en horas tempranas de la tarde/noche.
- Uso reducido de la tecnología.
Estar vivos es una maravilla y un regalo de Dios que debemos cuidar. Estilos de vida anti-naturales, tóxicos o stresantes pueden dañarnos y aún quitarnos el gusto por existir.
Ante la enfermedad y el dolor, nos queda el recurso de entregarnos en manos de Dios para hallar alivio y socorro. Mejor que despenalizar el suicidio, nos está haciendo falta una medicina integrativa que considere y atienda al ser humano que enferma en todas sus dimensiones, espíritu, alma y cuerpo y le prepare para entrar en paz a la eternidad.
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

