Por: Ps. Graciela Gares
Parte 1:
Parte 2:
Ha causado conmoción la mini serie televisiva del momento “Adolescencia”, creada en el Reino Unido en 2024 y estrenada por Netflix recientemente. Más allá de la buena calidad de la producción y actuación, lo que inquieta, cuestiona y nos reta no es el drama en sí, sino más bien que el protagonista tenga edad tan tierna, apenas un adolescente con cara de niño aún.
La trama
Desde las primeras escenas, el film ya fija el clima. En lo que podríamos llamar un despliegue de violencia institucional, varios policías armados derriban en la noche la puerta de una casa en busca de un homicida, el cual no es un adulto sino Jamie, un adolescente de 13 años. Se le acusa de un crimen que habría perpetrado en un centro de estudio y la víctima había sido una compañera de clase, también adolescente. Y el arma fue un cuchillo proporcionado por otro adolescente, al cual luego también capturarán. Ante el estupor de la familia, a Jamie se lo llevan detenido. Los espectadores quedamos descolocados ante esta trama.
Sabemos de la existencia del bullying entre estudiantes jóvenes, ¡pero un asesinato es violencia extrema!
La familia cierra filas en defensa del chico y el padre, Eddie, le acompaña en los interrogatorios. Jamie si bien se muestra asustado, niega en todo momento las acusaciones, por lo que los detectives comienzan a mostrarle distintas filmaciones de las cámaras de seguridad del centro de estudios, donde se lo ve a Jamie siguiendo a la víctima y luego apuñalándola hasta matarla. Esto justifica que el chico quede detenido, mientras avanzan las investigaciones entre los compañeros de clase para conocer las relaciones previas entre los protagonistas y finalmente, el motivo del crimen.
Los papás del homicida pretenden seguir adelante con su vida, a la par que reciben muestras de acoso. El climax para el padre parece darse cuando su hijo finalmente decide declararse culpable, luego de meses de intentar negarlo.
El Yo adolescente
La adolescencia como concepto no siempre existió. Data de principios del siglo XX y es una construcción cultural.
Dejada atrás la infancia y habiendo cursado la pubertad con sus cambios hormonales, corporales y emocionales, los seres humanos nos adentramos en la llamada “adolescencia” donde, aumenta considerablemente la conciencia y el interés sobre el propio cuerpo, se afirma el desarrollo cognitivo y la apariencia física cobra mucha relevancia, porque el atractivo físico se ve asociado a una mayor aceptación del grupo social.
La Organización Mundial de la Salud define a la adolescencia como el período de crecimiento que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y 19 años. Por momentos, pueden sentirse niños y en ocasiones, adultos. En esta época se espera maduren la capacidad de razonar y el control emocional.
El adolescente es considerado en la sociedad como un individuo en formación, al que no pueden exigírsele las mismas responsabilidades que a un adulto. No obstante, aunque suelen no calibrar bien las consecuencias de sus actos, tienen un conocimiento básico de lo bueno y de lo malo.
El Yo adolescente se caracteriza por su fragilidad. Jamie había fracasado en el deporte y su padre no lo respaldó. Comenzó a recibir bullying en el centro educativo sin que su familia lo supiera. Fracasó con las chicas y sintió que no era visto exitoso como varón. Tenía pocos amigos en consonancia con su auto-rechazo. Colapsó su frágil Yo ante la rabia acumulada, el auto – rechazo, la humillación, una identidad sexual floja y el rechazo de la chica.
No tuvo capacidad de tolerar y procesar el NO cuando la vida se lo antepuso. Enfrentaba dificultades en el proceso de consolidar su identidad como varón. Mentir y ocultar eran para él herramientas válidas debido a la ausencia de desarrollo espiritual y de conciencia moral que genere culpas.
Familia, segundo útero
La familia del chico inculpado para nada parecería disfuncional en un primer momento. Estaba completa, constituida por padre, madre, el chico y una hermana mayor. No vivían en un contexto social marginal, de pobreza o de necesidades básicas insatisfechas. Por tanto, la intriga que se plantea es por qué perpetró el homicidio.
Su padre, amén de ser poco comunicativo, no había cumplido la tarea de reafirmar a su hijo. Era un hombre impulsivo. Frente a la pintada de su vehículo, atinó a tirar encima del mismo el contenido de 1 lata de pintura, a la vez que increpaba al sospechoso y levantaba y tiraba lejos la bicicleta de éste. La personalidad del hijo se habría forjado a imagen de ese padre, también inmaduro emocionalmente e impulsivo.
La sorpresa del padre durante los interrogatorios de Jamie dejó en evidencia que no conocía realmente al hijo. La disfuncionalidad estaba presente pero era muy sutil. Faltaba el diálogo profundo y genuino en la dinámica familiar.
Reto a padres
No es suficiente con estar, convivir con los hijos, velando para que no les falte nada material. Sembrar valores morales y espirituales es la columna vertebral de esa personalidad en formación.
Que no pasen varios días sin darles palabras de reconocimiento sinceras, que no pasen semanas sin compartir ratos de charla o juegos con ellos, conocer e interactuar con sus amigos, vivir junto a ellos sus frustraciones, analizarlas y mostrarles salidas. Discutir a diario en familia nuestro legado de valores, permitir que conozcan nuestros éxitos y también nuestros fracasos y cómo nos repusimos frente a ellos. Demostrarles que su bienestar nos importa más que nuestro trabajo, amigos o pasatiempos. No evitar frustrarlos, disciplinarlos y abrazarlos con frecuencia. Acercarlos al grupo de jóvenes de una comunidad cristiana bíblica, para nutrir su espiritualidad.
Respecto de Abraham, Dios decía: “Para eso lo elegí, para que les ordene a sus hijos y a toda su familia que me obedezcan, y que hagan lo que es bueno y justo.” (Génesis 18: 19)
Reto a la sociedad
El contexto social también es formativo para los chicos. Ellos observan a sus padres vincularse con los vecinos, cuidar el vecindario, respetar o no las normativas de tránsito.
Vivimos en una sociedad violenta en los vínculos de pareja, en el fútbol, en el tránsito, en el escenario político, en las redes sociales, en los comentarios de internet, en los noticieros, en los centros educativos. Todo ello les afecta y marca.
“Se necesita una aldea para criar a un niño”, reza un proverbio africano. El tejido de contención barrial saludable puede compensar carencias de los habitantes jóvenes de la zona. Aunque no sean nuestros hijos, nos compete cuidarlos y ayudarlos.
Reto a los centros educativos
¿Qué tal si en lugar de propagar la bizarra ideología de género, incluyeran en los programas educación sobre cómo gestionar las emociones? Enseñarles a identificar y dar nombre a lo que sienten, ya sea ira, frustración, insatisfacción, vergüenza, culpa o minusvalía. Mostrarles un camino mejor que ocultar lo que sienten, enseñándoles a expresarlo de modo constructivo, pedir consejo e instrumentar pasos para modificar y/o denunciar la situación que les aflige.
Reto a los jóvenes
Si el tiempo en las redes baja tu autoestima, te cuestiona y te lleva a rechazarte, si sólo te alegra recibir likes, si te incita a burlarte de otros o te perturba de algún modo, desafíate a cambiar por algo más constructivo y motivador: aléjate de las redes por un tiempo y aprende un idioma que no conozcas, un deporte no competitivo, u otro desafío para crecer personalmente.
El mundo de internet es falso y engañoso; no es el mundo real y debes saberlo. El bullying debe ser denunciado, primero a la familia propia y si no recibes ayuda, a cualquier referente del centro educativo.
Adolescencia de Jesús
“Jesús seguía creciendo en cuerpo y en mente y gozaba del favor de Dios y de los hombres.” (Lucas 2: 52) A los 12 años, se sentaba entre los maestros de la ley (de Dios) escuchándoles y haciéndoles preguntas. ¡Qué paradoja! mientras que Jamie, como tantos otros adolescentes de este tiempo, a los 13 años están en internet buscando likes.
Hasta hoy, toda niña israelita que cumple 12 años, y niño que cumple 13 años, son considerados, a partir de ese momento, como responsables de sus actos y están obligados a cumplir todos los preceptos del judaísmo. Esa edad es considerada por la religión judía como el pasaje hacia la “vida adulta”, ya que por primera vez leen la Torá (Biblia).
Es preciso ser celosos en cuidar mente, cuerpo y espíritu (todo el ser) de las crianzas y no dejar nada librado al sistema cultural actual. En occidente tendemos a prolongar la infancia. Ni que hablar del concepto de masculinidad tóxica propagado en occidente por la llamada ideología de género.
“Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6: 6 – 7)
“Apréndanse de memoria estas enseñanzas, y mediten en ellas. Enséñenselas a sus hijos en todo momento y lugar.” (Deuteronomio 11: 19)
Ps. Graciela Gares: Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

